jueves, 22 de diciembre de 2011

Ser gay en el mundo de las gorras


Aprietes, traslados y amenazas de perder el empleo es lo que sufren quienes tienen una orientación sexual diferente y trabajan en las fuerzas de seguridad. Los homicidios del prefecto naval Octavio Romero y el oficial Mario Vega.


Por Mauro Fulco y Pablo Berisso



Octavio Romero está muerto. Mario Vega también. El primero era suboficial de Prefectura Naval Argentina. El segundo era oficial de la Policía de San Juan. Además de ser integrantes de las fuerzas de seguridad tenían algo más en común: los dos eran homosexuales.

Romero, de 33 años y nacido en Corrientes, estaba en pareja desde hacía 11 años con Gabriel Gersbach, con quien tenía planeado casarse el pasado 8 de diciembre. La noche del 11 de junio de 2011 salió rumbo a una fiesta y nunca volvió a su casa, en la que dejó las luces y la tevé encendida. Fue encontrado seis días después, desnudo y flotando en el río, con claros síntomas de haber sido asesinado. Vega, de 52 años, era un reconocido integrante de la comunidad homosexual sanjuanina; fue una de las drag queens pioneras en la provincia. Con su nombre artístico de Perla Mora, efectuaba performances en el único boliche gay de San Juan, llamado Rapsodia, del cual era habitué. La semana pasada su cadáver fue encontrado desnudo y quemado dentro de un auto en un camping de la localidad de Chimbas. Por el crimen está detenido un taxi boy de 24 años apodado El Loco Tití. “Separaba los tantos entre trabajo y diversión, sabía dejar su profesión a un lado. Dentro de todo era una persona rescatable. Tenía su pareja hacía cinco años, y venían a bailar siempre juntos. Acá todos sabían que era policía, y que fuera oficial es un logro para nuestra comunidad”, explica Daniel Olivares, dueño del boliche bailable en el que Vega realizaba sus shows, quien agrega: “Alguna vez contó que había llegado a tener algún roce con algún subalterno que se había sentido molesto por tener un jefe gay, pero lo contaba en tono jocoso, del estilo ‘jodete’”. También asegura que –como es de suponer– Vega no era el único efectivo sanjuanino gay: “La seguridad del boliche la hacen policías, muchas veces se encuentran en la puerta con clientes que también lo son y está todo bien, no hay problemas con eso”.

El caso de Romero es más delicado. Su cuñado, Joaquín Gersbach, lo cuenta: “Sabemos que Octavio sufrió varias intimidaciones. Él no contaba mucho de lo que sucedía en el trabajo. Sólo una vez contó que un grupo de compañeros lo encerró en un cuarto y empezaron a decirle que si era tan gay, le iban a romper el culo, entonces les dijo ‘bueno, vengan de a uno’ y aseguró que esa actitud de haberlos enfrentado hizo que lo dejaran en paz”. Después de la muerte de Octavio, la Justicia considera a su pareja como sospechoso, por eso no le permite presentarse como querellante de la causa. “Una vez, mi hermano me contó que Octavio le dijo que encontraba pintadas en un baño del Edificio Guardacostas, en Puerto Madero, que decían ‘Octavio puto’”. Después del asesinato del prefecto, ninguno de sus ex compañeros volvió a comunicarse con la familia ni se sumaron al reclamo de justicia.

Marcelo Suntheim, dirigente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) da su opinión sobre este caso, en el cual la organización brindó apoyo al viudo: “Desde el principio creemos que la solicitud de matrimonio del prefecto asesinado sumado al alto perfil de defensa de su identidad sexual pudo haber despertado en la fuerza el disparador del crimen. Probablemente existieron enconos anteriores, roces que dispararon el crimen del odio. No es pasional como se quiere mostrar”.


¿Dónde están?

A pesar de que el matrimonio igualitario es ley en la Argentina, llama la atención los pocos casos que se dan dentro de las fuerzas de seguridad. Hace unos meses circuló la noticia de que dos militares contraerían matrimonio, algo desmentido con énfasis desde Ejército y que aún no se llevó a cabo, lo que da indicios de que fue un invento.

Lo cierto es que en las fuerzas de seguridad, como en toda la sociedad, existen personas homosexuales. Pero no menos cierto es que aún les cuesta mucho salir del closet. “Recibimos 15 denuncias por hostigamientos relacionados con el matrimonio. En estos ambientes tan hostiles sólo se denuncian las situaciones más graves. Estos problemas generan licencias médicas y psiquiátricas de los agentes, estrés, falta de sueño y concentración, violencia laboral, decaimiento en el rendimiento laboral –informa Esteban Paulón, presidente de la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans). Muchos incluso piden traslados de lugar, pero les son denegados. La respuesta de las instituciones es esconderlos o asignarles tareas sin contacto con las personas, un aislamiento del efectivo que termina siendo contraproducente”. Y detalla: “Una de las últimas denuncias fue en la Policía de Santa Fe, entre dos componentes de la fuerza que transmitieron la intención de casarse y desistieron porque les dijeron que iban a separarlos de sus cargos”.

En la Metropolitana hubo un casamiento entre dos oficiales. Se llaman Paula y Mariana, son abogada e ingeniera electrónica respectivamente, y trabajan en el Instituto de Formación. Después de cinco años de noviazgo se casaron en el Registro Civil de la calle Uruguay. Desde esa fuerza, revelan en estricto off the record: “Hay jefes, comisarios y policías rasos gays, pero no blanquean por miedo al freezer o persecuciones indirectas. Te condenan a cosas administrativas, a hacer recibos de sueldos; prefieren hostigarlos y que se vayan solos. La Federal sí discrimina, de hecho hay pocos policías judíos, por ejemplo”.

En Corrientes se dio el caso inverso. El diputado del Partido Nuevo, Raúl Yung, denuncia que una pareja de varones habría solicitado permiso para casarse y su jefe les habría recomendado no hacerlo. “Sabemos de gente del mismo sexo que convive hace años y pertenece a las fuerzas. Personalmente conocemos casi a 20, pero sabemos que son alrededor de 60. Muchos directamente prefirieron no casarse. Otros tienen coraje pero el qué dirán en la fuerza se impone al qué dirán en la sociedad, por lo que las parejas desisten”. Cuando Yung envió el expediente Nº 6340 para que la Policía correntina diera su versión de lo sucedido, desde esa institución respondieron que no hubo ningún pedido formal de casamiento. Lo cierto es que luego trasladaron a los futuros contrayentes a una dependencia en el interior provincial. “Hay muchos casos de personas del mismo sexo que tienen relaciones. Si bien hay una ley que los ampara y les da derecho, esto no se cumple. Hay un sentido de aceptación a las parejas del mismo sexo, pero también hay algunos conservadores que se resisten al cambio”, concluye el legislador.

En el mismo sentido se expresa Martín Paoltroni, dirigente de VOX Asociación Civil: “No es descabellado que haya coerción contra el matrimonio en las fuerzas. No hay libertad para contraer matrimonio, y muchos casos no llegan a denuncias concretas por temor al día después. En esos casos existe una autocensura, que es indirecta pero que existe. Hay rumores de una funcionaria de Santa Fe que pidió permiso para casarse y se lo negaron. Las leyes de igualdad no se cumplen”. Y certifica: “La presión de las fuerzas de seguridad a la gente trans, lésbica o gay es real. Ser homosexual o trans es complejo y a veces genera maltratos. Pero también se avanzó en determinados puntos como el caso de la policía bombero Angie”.

Angie Beatriz Álvarez nació hace 40 años con el nombre de Walter, el mismo que conserva en el DNI y que sigue apareciendo en su legajo y hasta en su recibo de sueldo del Cuerpo de Bomberos Zapadores de Rosario, aunque no por mucho tiempo. Desde 1998 forma parte de esa institución dependiente de la Unidad Regional II de Policía. “La sexualidad nunca fue un tabú para mí, pero tenía pensado ‘hormonizarme’ y lo pospuse por miedo a perder el trabajo. En 2007, me decidí y empecé a ir a trabajar con ropa femenina. El jefe no sabía cómo tomarlo, entonces me pidió que me cortara el pelo a lo varoncito. Cuando lo hice público, tenía miedo de que lo denunciara por discriminación”. Asegura no tener ni haber tenido ningún problema en el trabajo por su condición sexual; es más, todo lo contrario, la invitan a despedidas y fiestas. Nunca un entredicho, ni con sus superiores ni con los recién ingresados. “Entraron sabiendo que soy sargento y que estoy a cargo”, dice. Eso sí, al hacerse visible su caso, son varios los que la consultan sobre cómo proceder. “Esta semana se rebeló un chico gay. Me consultó y le dije que era decisión de él contarlo o no. Antes de hacerlo los compañeros lo molestaban. Una vez que lo contó no lo jodieron más”.



OPINIÓN

Una historia de fuerzas machistas
Escribe Cesar Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).

En materia de igualdad de género, grandes avances hemos logrados en la Argentina: la ley de matrimonio igualitario y la de igualdad de género. Pero aún queda mucho por hacer para que el cambio sea realmente íntegro.

La discriminación y el rechazo son algo que se da en la vida cotidiana, y que también existe dentro de las fuerzas de seguridad. Su historia machista es la principal responsable de que, a pesar del indiscutible apoyo que demuestran ministros y los jefes de las fuerzas, la homofobia y la discriminación siga siendo uno de los puntos a resolver entre los efectivos.

Sabemos de pintadas e insultos contra quienes reconocen su homosexualidad, pero lo grave es cuando terminan con un asesinato, como sucedió con el prefecto Octavio Romero.
Acompañamos a la pareja y a la familia en la causa y todos los indicios indican que se habría tratado de un crimen de odio. Esta es una figura que fue enunciada por la CHA en un informe realizado junto a Amnistía Internacional y está basada en los crímenes por orientación sexual. Pero los jueces no la consideran. 

Lo que ayudaría a la Justicia es la ley antidiscriminatoria, que ya tiene media sanción de Diputados y que esperamos que el próximo año logre ser aprobada. Esta ley le brindaría a la Justicia las herramientas necesarias para que comience a reconocerse este tipo de crímenes.

Hoy, mientras muchos efectivos reconocen su homosexualidad y deciden casarse, otros siguen escondiéndose por el fuerte rechazo que se da puertas adentro de las fuerzas de seguridad.


Nota publicada en la revista El Guardián.


jueves, 8 de diciembre de 2011

De la furia a las falsas promesas

A un año del Indoamericano. Pese a la crisis habitacional que quedó al descubierto tras la ocupación del parque porteño, la situación de las 1.500 familias que pedían un techo es la misma. Los intentos del macrismo por aprobar un presupuesto menor para 2012.



El 5 de diciembre de 2010, el Parque Indoamericano –ubicado en los barrios Villa Soldati y Villa Lugano– fue escenario de una de las tomas más cruentas ocurridas en la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, la situación de las más de 1.500 familias que durante 10 días ocuparon esas tierras, que habían sido olvidadas por el Estado porteño, es la misma. Los “okupas” se instalaron allí en reclamo de un techo digno, un derecho constitucional. Al final se fueron porque les prometieron viviendas y créditos flexibles, pero hasta ahora no apareció nada de eso.

En medio de este panorama, al macrismo pareciera no preocuparle la problemática habitacional que desde hace años aqueja a los porteños: no sólo no ejecuta las partidas destinadas al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) sino que, además, para 2012 intentó aprobar un presupuesto que en el área presentaba un monto inferior al de este año. Hoy, cuando se recorren los alrededores del parque, puede comprobarse que conviven dos realidades.

A un año de la toma, y luego de varias acusaciones cruzadas en las que se culpó a vecinos, policías y grupos de choque, el fiscal Sandro Abraldes realizó un pedido de declaración indagatoria a la jueza María Cristina Nazar, a 33 integrantes de la Policía Metropolitana y a cuatro de la Policía Federal. La justicia considera responsable a la jueza por ordenar el desalojo que el 7 de diciembre de 2010 terminó con la vida de tres personas.

Pobres ignorados

Desde 2004, Buenos Aires sufre una emergencia habitacional declarada y prorrogada por la Legislatura en 2007 y 2009, aunque el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, la vetó a días de la toma. Pero la realidad está a la vista: las villas y los asentamientos precarios crecen y la necesidad de un techo fue la principal causa por la que hace poco más de un año más de 13 mil personas ocuparon el predio donde se extiende el Parque Indoamericano.

“La ley de inmigración es demasiado permisiva”, reclamó por entonces el jefe de Gabinete porteño Horacio Rodríguez Larreta. El problema es “la inmigración descontrolada”, aseguró Macri. Por estas polémicas declaraciones fueron calificados de xenófobos y hasta el presidente de Bolivia, Evo Morales, pidió que se retracten. Al final, Macri y Larreta se desdijeron.

La baja ejecución de la partida presupuestaria y las decisiones políticas que no se tomaron podrían ser interpretadas como un desinterés del macrismo por la problemática habitacional. “Al Pro no le interesa solucionar los problemas de vivienda. A fines de diciembre de 2010, la Legislatura prorrogó la ley de Emergencia Habitacional, pero Macri la vetó. Hoy, paradójicamente, no hay una emergencia declarada, a pesar de que más de medio millón de ciudadanos porteños sufren ese problema”, aseguró a EG la diputada porteña por la Coalición Cívica (CC) y presidenta de la Comisión de Vivienda, Rocío Sánchez Andía. La legisladora insistió en que la oposición, durante 2011, trabajó para sancionar una nueva ley de emergencia, pero “el Pro se negó a tratarla”. EG intentó comunicarse con el Instituto de la Vivienda de la Ciudad, pero sus voceros no respondieron las llamadas.

Al cierre del tercer trimestre de 2011, de los 667,5 millones de pesos destinados al IVC sólo se ejecutó un 29,9 por ciento (apenas 200 millones). Desde la oposición insisten en que este año ni siquiera llegará a los porcentajes promedio de la primera gestión Pro. “Es una dinámica del macrismo, desde que asumieron no superaron el 55 por ciento de ejecución en vivienda”, explicó Sánchez Andía.

La ley de presupuesto 2012 presentada por el macrismo estipulaba una partida para el IVC de 101 millones menos que la del año anterior. Pero luego de varias discusiones en comisión y en el recinto, los legisladores lograron incrementar la partida en 121,3 millones de pesos. Es decir, el presupuesto quedó en 687 millones, 20 millones más que el de 2011. El 24 de noviembre se sancionó el presupuesto del año próximo con el apoyo de la mayoría de los bloques, salvo Proyecto Sur, que votó en contra, y la CC, que se abstuvo. Al mismo tiempo, el Gobierno nacional rechazó, “por inconsistente e impreciso”, un proyecto presentado en marzo por el macrismo para la construcción de ocho mil viviendas como parte del convenio entre ambos gobiernos.

Dos realidades

El Indoamericano es el segundo parque más grande de la Ciudad y está ubicado en la zona sur, entre las avenidas Escalada, Castañares, la autopista Cámpora y las vías del ferrocarril Metropolitano. El 5 de marzo, el Gobierno porteño anunció la puesta en marcha de la primera etapa del proyecto oficial para reacondicionar el predio.

Primero cercaron las 130 hectáreas del parque, luego se instalaron luminarias y cuatro garitas con seguridad privada que funcionan las 24 horas. Si bien se trata de un espacio público, nadie puede entrar ni salir sin autorización del Estado porteño.

Al llegar al cruce de las avenidas Escalada y Castañares pueden verse los avances de la obra anunciada: un arenero con juegos para chicos, algunos bancos y glorietas que adornan los caminos de cemento. Pero nadie puede disfrutarlos. Las cadenas y candados que aseguran los cuatro ingresos impiden el acceso a la misma. En frente, sobre Castañares, se alzan los edificios habitados por los vecinos que se enfrentaron a quienes tomaron el predio hace un año.

“Está claro que la necesidad de la gente no es una placita. Tienen problemas mucho peores”, reflexiona el militante kirhnerista Alejandro “Pitu” Salvatierra, mientras avanza lento, acariciando las rejas con su mano extendida. Durante la toma, el dirigente social fue señalado por muchos como uno de los principales promotores de ocupación. “Nadie empujó a nadie a tomar. Eso lo impusieron los que no conocen la realidad de vivir de prestado. Cuando se vive así se explota como una olla a presión”, ejemplifica Salvatierra, quien también es delegado de la villa 15 de Ciudad Oculta. Al llegar al puente del ferrocarril Belgrano, del lado en el que viven hacinados gran parte de los okupas que tomaron el parque, sonríe e ironiza: “Mirá qué linda plaza le están haciendo a los pobres”. Desde allí, el paisaje es diferente. Pastizales altos y cientos de montículos de tierra son aprovechados por pájaros y algún que otro perro que logra atravesar el enrejado. “De aquel lado pusieron juegos, cortaron el pasto e iluminaron todo. De este lado tiraron tierra y listo. Es el lado de los pobres, los bolivianos y paraguayos que tomaron el predio”, dice Salvatierra. Las dos realidades que hoy muestra el Indoamericano marcan la diferencia entre vecinos que desembocó en los trágicos hechos ocurridos hace un año. De un lado, la plaza, los juegos y los vecinos que repudiaron la toma; del otro, montículos de tierra amontonada, pastizales altos y los pobres que esperan las promesas por las que el 15 de diciembre de 2010 abandonaron la toma. En medio, el parque en el que se derramó la sangre de los tres muertos que aún esperan por justicia.



Reclamo vigente

El 15 de diciembre de 2010, las 13.333 personas que ocuparon el Indoamericano (según el censo que realizaron entonces unos 200 especialistas) abandonaron la toma. A cambio, los gobiernos nacional y porteño prometieron trabajar en conjunto para darles viviendas dignas. Días antes, el martes 7, mientras la Nación no intervenía en el grave conflicto, por pedido del Gobierno porteño la jueza María Cristina Nazar ordenaba el desalojo que terminó con las vidas de Bernardo Salgueiro (un paraguayo de 22 años), Rosemary Chura Peña (una boliviana de 28). Los familiares de estas dos víctimas recibieron una vivienda; el resto sigue esperando. “Me siento un poco desenamorado. Nos llenaron de promesas durante la toma y en las reuniones posteriores que tuvimos con funcionarios. Muchas palabras y nada de acción”, dice Salvatierra. “La única forma de profundizar este modelo es trabajar para mejorar la vida de los pobres. De Macri no esperamos nada”, concluye el joven dirigente.


Nota publicada en la revista El Guardián.