jueves, 8 de diciembre de 2011

De la furia a las falsas promesas

A un año del Indoamericano. Pese a la crisis habitacional que quedó al descubierto tras la ocupación del parque porteño, la situación de las 1.500 familias que pedían un techo es la misma. Los intentos del macrismo por aprobar un presupuesto menor para 2012.



El 5 de diciembre de 2010, el Parque Indoamericano –ubicado en los barrios Villa Soldati y Villa Lugano– fue escenario de una de las tomas más cruentas ocurridas en la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, la situación de las más de 1.500 familias que durante 10 días ocuparon esas tierras, que habían sido olvidadas por el Estado porteño, es la misma. Los “okupas” se instalaron allí en reclamo de un techo digno, un derecho constitucional. Al final se fueron porque les prometieron viviendas y créditos flexibles, pero hasta ahora no apareció nada de eso.

En medio de este panorama, al macrismo pareciera no preocuparle la problemática habitacional que desde hace años aqueja a los porteños: no sólo no ejecuta las partidas destinadas al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) sino que, además, para 2012 intentó aprobar un presupuesto que en el área presentaba un monto inferior al de este año. Hoy, cuando se recorren los alrededores del parque, puede comprobarse que conviven dos realidades.

A un año de la toma, y luego de varias acusaciones cruzadas en las que se culpó a vecinos, policías y grupos de choque, el fiscal Sandro Abraldes realizó un pedido de declaración indagatoria a la jueza María Cristina Nazar, a 33 integrantes de la Policía Metropolitana y a cuatro de la Policía Federal. La justicia considera responsable a la jueza por ordenar el desalojo que el 7 de diciembre de 2010 terminó con la vida de tres personas.

Pobres ignorados

Desde 2004, Buenos Aires sufre una emergencia habitacional declarada y prorrogada por la Legislatura en 2007 y 2009, aunque el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, la vetó a días de la toma. Pero la realidad está a la vista: las villas y los asentamientos precarios crecen y la necesidad de un techo fue la principal causa por la que hace poco más de un año más de 13 mil personas ocuparon el predio donde se extiende el Parque Indoamericano.

“La ley de inmigración es demasiado permisiva”, reclamó por entonces el jefe de Gabinete porteño Horacio Rodríguez Larreta. El problema es “la inmigración descontrolada”, aseguró Macri. Por estas polémicas declaraciones fueron calificados de xenófobos y hasta el presidente de Bolivia, Evo Morales, pidió que se retracten. Al final, Macri y Larreta se desdijeron.

La baja ejecución de la partida presupuestaria y las decisiones políticas que no se tomaron podrían ser interpretadas como un desinterés del macrismo por la problemática habitacional. “Al Pro no le interesa solucionar los problemas de vivienda. A fines de diciembre de 2010, la Legislatura prorrogó la ley de Emergencia Habitacional, pero Macri la vetó. Hoy, paradójicamente, no hay una emergencia declarada, a pesar de que más de medio millón de ciudadanos porteños sufren ese problema”, aseguró a EG la diputada porteña por la Coalición Cívica (CC) y presidenta de la Comisión de Vivienda, Rocío Sánchez Andía. La legisladora insistió en que la oposición, durante 2011, trabajó para sancionar una nueva ley de emergencia, pero “el Pro se negó a tratarla”. EG intentó comunicarse con el Instituto de la Vivienda de la Ciudad, pero sus voceros no respondieron las llamadas.

Al cierre del tercer trimestre de 2011, de los 667,5 millones de pesos destinados al IVC sólo se ejecutó un 29,9 por ciento (apenas 200 millones). Desde la oposición insisten en que este año ni siquiera llegará a los porcentajes promedio de la primera gestión Pro. “Es una dinámica del macrismo, desde que asumieron no superaron el 55 por ciento de ejecución en vivienda”, explicó Sánchez Andía.

La ley de presupuesto 2012 presentada por el macrismo estipulaba una partida para el IVC de 101 millones menos que la del año anterior. Pero luego de varias discusiones en comisión y en el recinto, los legisladores lograron incrementar la partida en 121,3 millones de pesos. Es decir, el presupuesto quedó en 687 millones, 20 millones más que el de 2011. El 24 de noviembre se sancionó el presupuesto del año próximo con el apoyo de la mayoría de los bloques, salvo Proyecto Sur, que votó en contra, y la CC, que se abstuvo. Al mismo tiempo, el Gobierno nacional rechazó, “por inconsistente e impreciso”, un proyecto presentado en marzo por el macrismo para la construcción de ocho mil viviendas como parte del convenio entre ambos gobiernos.

Dos realidades

El Indoamericano es el segundo parque más grande de la Ciudad y está ubicado en la zona sur, entre las avenidas Escalada, Castañares, la autopista Cámpora y las vías del ferrocarril Metropolitano. El 5 de marzo, el Gobierno porteño anunció la puesta en marcha de la primera etapa del proyecto oficial para reacondicionar el predio.

Primero cercaron las 130 hectáreas del parque, luego se instalaron luminarias y cuatro garitas con seguridad privada que funcionan las 24 horas. Si bien se trata de un espacio público, nadie puede entrar ni salir sin autorización del Estado porteño.

Al llegar al cruce de las avenidas Escalada y Castañares pueden verse los avances de la obra anunciada: un arenero con juegos para chicos, algunos bancos y glorietas que adornan los caminos de cemento. Pero nadie puede disfrutarlos. Las cadenas y candados que aseguran los cuatro ingresos impiden el acceso a la misma. En frente, sobre Castañares, se alzan los edificios habitados por los vecinos que se enfrentaron a quienes tomaron el predio hace un año.

“Está claro que la necesidad de la gente no es una placita. Tienen problemas mucho peores”, reflexiona el militante kirhnerista Alejandro “Pitu” Salvatierra, mientras avanza lento, acariciando las rejas con su mano extendida. Durante la toma, el dirigente social fue señalado por muchos como uno de los principales promotores de ocupación. “Nadie empujó a nadie a tomar. Eso lo impusieron los que no conocen la realidad de vivir de prestado. Cuando se vive así se explota como una olla a presión”, ejemplifica Salvatierra, quien también es delegado de la villa 15 de Ciudad Oculta. Al llegar al puente del ferrocarril Belgrano, del lado en el que viven hacinados gran parte de los okupas que tomaron el parque, sonríe e ironiza: “Mirá qué linda plaza le están haciendo a los pobres”. Desde allí, el paisaje es diferente. Pastizales altos y cientos de montículos de tierra son aprovechados por pájaros y algún que otro perro que logra atravesar el enrejado. “De aquel lado pusieron juegos, cortaron el pasto e iluminaron todo. De este lado tiraron tierra y listo. Es el lado de los pobres, los bolivianos y paraguayos que tomaron el predio”, dice Salvatierra. Las dos realidades que hoy muestra el Indoamericano marcan la diferencia entre vecinos que desembocó en los trágicos hechos ocurridos hace un año. De un lado, la plaza, los juegos y los vecinos que repudiaron la toma; del otro, montículos de tierra amontonada, pastizales altos y los pobres que esperan las promesas por las que el 15 de diciembre de 2010 abandonaron la toma. En medio, el parque en el que se derramó la sangre de los tres muertos que aún esperan por justicia.



Reclamo vigente

El 15 de diciembre de 2010, las 13.333 personas que ocuparon el Indoamericano (según el censo que realizaron entonces unos 200 especialistas) abandonaron la toma. A cambio, los gobiernos nacional y porteño prometieron trabajar en conjunto para darles viviendas dignas. Días antes, el martes 7, mientras la Nación no intervenía en el grave conflicto, por pedido del Gobierno porteño la jueza María Cristina Nazar ordenaba el desalojo que terminó con las vidas de Bernardo Salgueiro (un paraguayo de 22 años), Rosemary Chura Peña (una boliviana de 28). Los familiares de estas dos víctimas recibieron una vivienda; el resto sigue esperando. “Me siento un poco desenamorado. Nos llenaron de promesas durante la toma y en las reuniones posteriores que tuvimos con funcionarios. Muchas palabras y nada de acción”, dice Salvatierra. “La única forma de profundizar este modelo es trabajar para mejorar la vida de los pobres. De Macri no esperamos nada”, concluye el joven dirigente.


Nota publicada en la revista El Guardián.

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