Es la zona postergada de la ciudad a la que, en vísperas de
cada elección, los candidatos a gobernar la Ciudad de Buenos Aires aseguran que
sacarán del atraso que arrastra desde siempre. Es la misma en la que Mauricio
Macri se sacó una foto junto a una niña humilde, durante la campaña de 2007,
que cosechó aplausos en sus filas y críticas en la oposición. Es allí, en Villa
Lugano, donde el gobierno porteño resolvió atender los reclamos de mayor
seguridad por parte de los vecinos levantando una reja que separa el barrio
Piedrabuena de lo que será el complejo habitacional que están construyendo las
Madres de Plaza de Mayo. El pedido nació hace cinco años, cuando la zona
lindera al barrio era un descampado que, según los vecinos, servía como vía de
escape para la delincuencia.
El Pro comenzó su gestión en la ciudad cercando los espacios
verdes para preservar su seguridad; ahora, esa política se extendió a la
construcción de un enrejado en Villa Lugano a cargo de la empresa Altote S.A.
(la misma que construyó las bicisendas). La norma fue aprobada y publicada en
el Boletín Oficial, costará a su finalización 150 mil pesos y se extiende a lo
largo de 600 metros por la avenida Castañares, entre la calle Espora y la
avenida General Paz. Hasta el momento, sólo se construyó la mitad y en los
próximos meses se concluirá la obra. Desde el gobierno aseguran que la idea no
es encerrar un barrio, sino “preservar a los vecinos de la zona de actos de
pillaje y hurto”, según se comunica en el Boletín Oficial.
El barrio Comandante Luis Piedrabuena está delimitado por
las avenidas Piedra Buena, Castañares, General Paz y Eva Perón. De un lado del
enrejado están las casas de clase media del barrio; del otro, los edificios de
departamentos que serán habitados por personas de clase baja que hoy residen en
las villas cercanas. “Empezaron con las plazas y los espacios verdes y ahora
van por los barrios marginales”, denunció Mercedes, una vecina de la zona,
quien junto a sus tres hijos será una de las futuras habitantes del nuevo
complejo, el mismo que linda con los vecinos de Villa Pirelli, Ciudad Oculta y
Villa Inta.
El gestor del pedido fue un jubilado que vive sobre la
avenida enrejada, Reinaldo Esteban Mendoza. “Por los robos constantes que
sufríamos, comenzamos a hacer reclamos en 2006 a la Corporación Sur”, explicó.
Ante los cuestionamientos referidos a la discriminación que implica la
instalación del enrejado, Mendoza se defendió: “Es para protegernos de los
caballos y de los rateros que robaban y huían, no es por las personas que
vengan a vivir”.
Las explicaciones de Mendoza no son las mismas que la de otros
vecinos del barrio. A metros de su casa vive María, una jubilada. Su hijo,
Claudio, explicó: “La zona es bastante insegura y la reja servirá de protección
cuando habiten los edificios de enfrente, porque vaya a saber qué clase de
gente es la que viene”. Para el sociólogo Carlos De Angelis, director del
Observatorio Político y Electoral de la Facultad de Ciencias Sociales de la
UBA, el pedido de los vecinos es entendible, porque “en ellos prima la
autodefensa”, y cree que el problema es que, a partir de la inseguridad, desde el Gobierno se naturalice la división
entre clases sociales. “El Estado tiene la obligación de asegurar la
integración de todos los habitantes de la sociedad y el aislamiento desemboca
en un resultado opuesto. Son las denominadas políticas de emparche”, insistió.
“Las personas de sectores marginales buscan integrarse en la
sociedad y una reja que separe a diferentes clases sociales sólo potencia
aquella desigualdad. Porque de un lado quedan los que serían los buenos y del
otro los malos”, explicó De Angelis, y agregó que quienes van a ocupar los
nuevos departamentos pueden sentirse afectados. “Tenemos que cuidar que no nos
tomen las casas y ahora soportar que para la gente del barrio seamos los
peligrosos”, se indignó Mercedes.
Mendoza planteó que el gobierno porteño debería terminar el
enrejado antes de que empiecen a habitar los departamentos “si no, van a decir
que es por ellos y habrá problemas”.
Hebe de Bonafini, la titular de la agrupación Madres de
Plaza de Mayo, se negó a opinar sobre el tema al ser consultada por EG. Desde
el gobierno porteño la justificación es que accedieron al pedido de los
ciudadanos porque el enrejado evitará los caballos y chanchos que cruzaban y
andaban sueltos en la zona, y el estacionamiento indebido de autos y carros (de
cartoneros).
Varios ejemplos hay en la historia sobre muros construidos
por diferencias sociales, de los cuales el más recordado en la Argentina es el
que promovió el intendente de San Isidro, Gustavo Posse (ver recuadro). Aquella
iniciativa no prosperó porque los propios vecinos, que se sentían excluidos,
derribaron el muro. La diferencia entre la muralla de 2009 de zona norte y la
reja de Villa Lugano es que frente a esta última aún no hay nadie viviendo que
pueda sentirse afectado.
Breves historias de
muros
Un intento fallido que quedó en la memoria fue el muro que
intentó levantar en 2009 el intendente de San Isidro, Gustavo Posse. El fin era
separar el barrio de Villa Jardín de La Horqueta. Las justificaciones de Posse
eran que había que “eliminar el corredor de una zona que quedaba expuesta a una
salida rápida por la autopista y el Acceso Norte y no para aislar a los
vecinos”. La realidad es que con ese muro se pensaba separar un barrio marginal
de la lujosa zona de casas de La Horqueta, pero los vecinos más afectados no lo
permitieron.
Pero no sólo en la Argentina se ha utilizado esta
metodología. Aunque en otros lugares la motivación de separar a través de la
creación de muros respondió a otras justificaciones, en general vinculadas con
cuestiones de defensa y de inmigración. El gobierno de Israel levantó una
muralla a lo largo de los 348 kilómetros que separan a los territorios
palestinos. Recibió por eso la condena internacional. En Irán, el gobierno de
Ahmadineyad invirtió 150 millones de dólares para realizar un muro a lo largo
de los más de 400 kilómetros de frontera con el Kurdistán iraquí, además de
ampliar las barreras ya existentes en las divisorias con Afganistán y
Paquistán. El objetivo: alejar a los kurdos y tener el control absoluto de todo
lo que llegue a esas tierras.
Uno de los precursores fue Estados Unidos. Los
norteamericanos cerraron con enrejados de unos cinco metros de altura las
fronteras con México, para evitar el ingreso de inmigrantes ilegales. Lograron
reducirlo, pero no detenerlo por completo.
Como todo muro, el mayor logro que alcanza es la separación,
dejando de un lado lo “bueno” y del otro
lo “malo”.
Nota publicada en la revista El Guardián.

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