jueves, 26 de mayo de 2011

La ñata contra el puño

Los agresores trabajan en el edificio donde tiene su sede la legación diplomática de Dinamarca. El embajador se desligó del ataque y comprometió su colaboración. Solidaridad de los colegas.


En la tarde del viernes 20, Julián Herr, reportero gráfico de El Guardián, tenía que sacar fotografías del frente del edificio donde está la embajada de Dinamarca. No era una nota complicada: se trataba de ilustrar una crítica gastronómica, que se publica en este mismo número. Cuando hacía foco, dos hombres que se identificaron como personal de seguridad de la sede diplomática, situada en Leandro N. Alem 1074, comenzaron a golpearlo. El embajador danés, Henrik Bramsen Hahn, aseguró a EG no conocer a los atacantes. “Lamentamos mucho y repudiamos lo ocurrido. Los agresores son personal del edificio y nada tienen que ver con nosotros. Sólo tenemos un policía uniformado que se encuentra dentro de nuestras oficinas. No trabajamos con seguridad privada”, explicó Hahn. Desde el Ministerio de Seguridad dijeron que “habría que identificar si los agresores pertenecen a la seguridad de la embajada o a la de alguna de las empresas que comparten edificio”. El vocero de la cartera se comprometió a trabajar para encontrar a los responsables.

Herr salió de la redacción pasado el mediodía con la misión de fotografiar el club restaurante Danés y el Sueco. Al llegar al club Danés, sacó la cámara y comenzó a tomar imágenes del frente del edificio, donde en el piso 12 se encuentra el comedor.

En el mismo edificio hay empresas privadas y organismos oficiales; en el noveno piso está la embajada de Dinamarca. Los agresores, al ver a Herr tomar imágenes, comenzaron a increparlo: “Acá no podés sacar fotos, en este edificio hay una embajada, ¿entendés, pendejo de mierda?”. Según el embajador danés, el agresor sería el portero del edificio. Herr enseñó la credencial de prensa de la revista y se identificó. Luego, el reportero de EG cruzó hacia una de las dársenas sobre la Avenida L. N. Alem y continuó tomando fotografías. Los dos guardias corrieron hacia él. Y mientras el portero continuaba insultándolo, el otro, sin mediar palabra, le dio un cabezazo en la frente –que lo tiró unos metros hacia atrás– y luego un golpe con el puño derecho sobre el rostro que le provocó un traumatismo en el tabique nasal. Herr cayó al piso aturdido, y desde ahí pudo ver cómo el agresor se subía a un colectivo y huía, mientras que el otro volvía a ingresar en el edificio. Antes del ataque, el reportero fotografió a los dos hombres. Sus imágenes acompañan esta nota. Algunas personas que pasaban por el lugar llamaron al 911, y en unos minutos llegó un patrullero y luego una ambulancia del Same, que lo trasladó al hospital Rivadavia. Luego de someterse a las curaciones y de pasar unas horas en observación, Herr fue dado de alta, aunque debido a la fisura que tiene en su nariz deberá ser intervenido quirúrgicamente, en los próximos días.


Nota publicada en la revista El Guardián.

jueves, 19 de mayo de 2011

Campaña hasta en álbumes de figuritas

La colección circuló de manera ilegal y fue retirada del mercado. Además de traer fotos de los jugadores de Primera, en el reverso de su tapa mostraba un dibujo en el que Néstor Kirchner esquivaba a los dirigentes de la oposición.


Llegó, hizo ruido y, rápidamente, desapareció. Debía haber sido un álbum infantil más, otro capítulo en la serie de las colecciones de figuritas que aparecen ante cada campeonato de fútbol, pero terminó constituyendo una escandalosa muestra de explotación de la imagen del fallecido ex presidente Néstor Kirchner, nada menos que en un producto destinado a los más chicos.

Entre la dirigencia política, las opiniones se dividieron entre quienes plantearon el tema ante las legislaturas provinciales, invocando la violación de los Derechos del Niño, y quienes minimizaron el hecho, calificándolo de la “truchada de un fanático”.
El producto apareció hace un mes y desapareció a los pocos días, en la primera semana de abril, cerca de la época en que la presidenta Cristina Fernández tuvo que salir al cruce de gente de su equipo que haciendo gala de un exceso de fe kirchnerista promovió acciones que la propia mandataria debió salir a abortar: el intento de impedir la participación del escritor Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro, la apelación a la re-reelección por parte de la diputada Diana Conti (recordar “Cristina eterna”), el cambio de diseño de la web de la agencia de noticias del Estado, Télam, con la imagen del “Nestornauta”.

Lo que torna más bizarro aún este episodio es que utilizó como medio un producto destinado al público infantil. El álbum de figuritas, que comparte imágenes de los equipos y jugadores del campeonato de fútbol local y de los que participarán en la Copa América, tiene en su página 2 un dibujo del ex presidente como si fuera un número 9 que se escapa de la marca de sus adversarios, los principales dirigentes de la oposición, que aparecen desparramados por el piso, atropellándose entre sí.

El álbum comenzó a comercializarse en la provincia de Buenos Aires y se distribuyó en algunas ciudades del interior del país. Todo iba bien hasta que, un mes después de su salida, el producto llegó a manos de legisladores opositores bonaerenses. Entonces comenzó el repudio y la mediatización de las polémicas figuritas ilegales.

La UCR, el GEN y la Coalición Cívica presentaron un pedido de informes en la Legislatura bonaerense que no prosperó. “El oficialismo aprovechó su mayoría parlamentaria y rechazó el repudio. Eso hizo que no pudiéramos avanzar”, explicó a EG el presidente del bloque del GEN bonaerense, Andrés Andoménico.

Lo que desató el rechazo de políticos y medios fue el uso no autorizado de la imagen creada por el dibujante, Dr. Lecter –que había publicado su trabajo en la edición impresa del diario Perfil, en agosto de 2010– y el uso del nombre “Néstor Kirchner” en un tamaño superior al del de los protagonistas: los jugadores y el Torneo Clausura mismo.

Además, el álbum no posee ningún dato del fabricante, sólo dice “industria argentina”. En la actualidad sólo se consigue por internet (en la web de Mercadolibre), y la mayoría de las personas que lo comercializa está en la provincia de Córdoba y Santa Fe. “No sabemos quién es el que los trae, pero en el círculo comercial hablamos de ‘los paquetes de figuritas celestes que vienen de Rosario’”, explicó a EG uno de los distribuidores que pidió preservar su identidad. Lo cierto es que en la ciudad en la que se habría fabricado el producto, los comerciantes se enteraron de su existencia a través de los medios, porque nunca llegó a venderse al público.

Los políticos santafesinos desmienten la posibilidad de que el álbum se haya fabricado allí. “En Santa Fe, el kirchnerismo no tiene una infraestructura importante como para sostener en la clandestinidad la producción de ese producto ilegal. Si así fuera, nos hubiéramos enterado. Pueblo chico, infierno grande”, aseguraron allegados al precandidato a gobernador santafesino Rafael Bielsa.

En La Plata, ciudad en la que nació el rechazo hacia el producto para chicos, hace días que no se consigue. Los kiosqueros sostienen que así como llegó, desapareció. “Los chicos me vuelven loco porque ahora quieren llenarlo y la persona que me los trajo no vino más”, relató Marcelo Rivera, comerciante de la zona.

En la Argentina, la exclusividad de la explotación en figuritas la tiene la empresa italiana Panini S.A. Y la distribuidora Santa Rita de la Horqueta, con sede en San Isidro, es la encargada de representar a la empresa italiana, y allí aseguran no tener nada que ver con el álbum. “Todo el tiempo están saliendo copias piratas de nuestros productos. Para evitarlo, Panini tuvo que sacar un holograma en el paquete con el logo de la empresa. El producto en cuestión no es de nuestra producción y no contamos con la información de dónde proviene. Sólo nos remitimos a informar a nuestros clientes sobre la aparición de un producto que es ilegal”, aseguró la encargada de Desarrollo Editorial de la distribuidora, Martina Capaccioli.

Desde el oficialismo niegan tener que ver con las figuritas que explotó la imagen de Kirchner. En la empresa que las comercializa, aseguraron que la piratería es una constante, pero que este caso les llama la atención. El origen e inmediata desaparición del álbum es algo que ningún político investigó.


Nota publicada en la revista El Guardián.

Yo fui jockey

Viví la pasión y la adrenalina de correr ante tres mil personas en una competencia que sólo duró 30 segundos. Pude competir pese a que superé por diez kilos el peso permitido. Los consejos de mis rivales, los trucos para cruzar el disco antes que todos y un final de carrera a todo vértigo. Señoras y señores, hagan sus apuestas.


Faltan segundos para que se largue la final en el hipódromo Las Flores de Santa Fe. Me tiemblan hasta los pelos de la nariz y creo que a Corazón, mi caballo, también. Esperar el momento de la largada en la gatera, encerrado en un cubículo de caño, junto a otros jinetes y caballos que piden desesperadamente por salir, acelera el ritmo cardíaco a niveles exorbitantes. Alrededor, tres mil almas agolpadas al borde de la pista y en las tribunas esperan por mí. Quiero creer eso. Siento esa presión, aunque lo más probable es que algunos hayan venido por la elección de la reina, por la bella modelo y conductora Pamela David –una de las famosas invitadas– o por el grupo de cumbia Ráfaga, que va a dar un show en el lugar. Desde mi sordera nerviosa alcanzo a distinguir una voz:

–Dale, bosterito, vos podés.

A mi pesar, estaba disfrazado de jockey xeneize. Lo tuve que soportar. Además porque no había ningún traje con los colores de Independiente, el club de mis amores. Cuando se abrieron las puertas, Corazón salió disparado como bala de cañón.

La voz del relator, con el clásico sonido de la nariz tapada, se escuchaba a través de las antiguas bocinas.

–¡Larrrgaron! Van por el centro de la pista el dos y el cuatro (yo), que comparten la punta, seguidos por el cinco y el ocho (…).

Quedan cuatrocientos metros y no logro despegarme del dos. El público grita eufórico, pero mi concentración no me deja oír nada. La pista está muy fangosa por la lluvia del día anterior. Levanto la mirada y entre las orejas de Corazón veo el símbolo que indica la llegada, el famoso disco. Estoy cumpliendo uno de mis sueños, pero ahora quiero ganar la carrera.

Burrero de ley

Desde chico, el tango y los caballos son una parte importante de mi vida. “Leguisamo solo (…)”, escuche entonar una y otra vez a Gardel, y cada vez que oía la letra del tango de Modesto Papávero, dedicada al más grande jockey rioplatense que existió, el ya fallecido Irineo Leguisamo, soñaba con correr una carrera en el hipódromo. Nunca imaginé que el secretario general de la Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA), Carlos Felice, sería tan inconsciente de dejarme participar del Torneo Federal Copa Utta.

Mi relación con los caballos se remonta a cuando tenía ocho años. Pasaba las vacaciones en el campo donde trabajaba mi tío: yo cabalgaba desde el amanecer hasta que el sol se escondía en el horizonte. Pero no es lo mismo un caballo criollo que uno pura sangre. El solo hecho de ver su envidiable musculatura y las venas marcadas como ríos en un mapa, impresiona.

–Mirá, los caballos de carrera son puro nervios. Si nunca anduviste en uno, es muy probable que salgas volando en la primera disparada –me explicó Felice antes de subir a uno.

Todo había empezado a las 10, cuando llegué al hipódromo y me sorprendió ver a familias enteras acomodándose en las tribunas pegadas a la pista. Los hombres se agolpaban frente a las caballerizas y analizaban detalladamente cada animal. Apuntaban al que tuviera más pinta de ganador como quien busca oro debajo del agua. Los chicos se amontonaban en el carrito que vendía pochoclo, manzanitas, churros y pastelitos.

–Pensar que cuando hace ocho años se desbordó el río Salado e inundó gran parte de la ciudad, el hipódromo era una gran pileta –recordó el sindicalista–. Ahora el lugar está como si nunca hubiera pasado nada.

–Cómo le va, compañero. Yo soy el Chapulín –se presentó un hombre de contextura pequeña, semicalvo y pelirrojo, en el momento en que llegué  al vestuario. Era uno de los organizadores. Cuando entré en el vestuario, me sentí Michael Jordan. En los cuatro metros por cuatro de la habitación, lo único que superaba mi altura era el techo. Todos me miraban. Claro, era el más alto. “¿Y éste quién es?”, alcancé a escuchar por lo bajo. En silencio, aunque orgulloso de mi altura, avancé saludando para ganarme la confianza de los jinetes.

–Dale el equipo al gordito –le ordenó el Chapulín a Miguel, el Chaquetillero (asistente de los jockeys que limpia y ordena la vestimenta). Luego, palmeó mi espalda y me deseó suerte.

En un primer momento, me causó gracia que llamase “gordito” a un hombre de 64 kilos, pero cuando me vestí, lo entendí.

–¿Así que vos sos el jockey? Mirá que tenés que pasar por mis manos para ver si te apruebo – bromeó Miguel mientras sacó la chaqueta, el pantalón y el casco.


Entre risas, comencé a cambiarme. Con el pantalón, que era el más grande que tenían, noté mi exceso. Me vi obligado a acostarme en el banco, contener la respiración y contraer el abdomen para poder abrocharlo. Pero el esfuerzo fue inútil. Cada vez que me sentaba, tres de los cuatro broches saltaban. Era lógico, tengo que usar la vestimenta de un jinete que no supera los 50 kilos de peso. Los jockeys coinciden en que la fórmula para mantener el peso es hacer mucho ejercicio, dietas especiales y, más de una vez, antes del día de carrera, deben recurrir a un sauna para bajar los kilos que sobren. Con el peso son muy exigentes, tanto o más que los diseñadores con las modelos de alta costura.

–En la escuela de Jockey de La Plata no pude entrar porque me pasé un kilo. Pesaba 51 –recordó Sebastián, de 15 años, que sueña con correr en los grandes premios.

De pronto, un grito me enorgulleció, pero también me intimidó: “Linda cola te hace, papi”. Sonreí porque parecía la voz de una mujer, pero cuando sentí una mano pesada en mi nalga derecha no hizo falta que me diera vuelta para ver a un jockey riendo a carcajadas. En el vestuario, durante una recorrida por las duchas, comprobé la ley de la ele, esa que dice que los petisos no tienen todo pequeño.

Antes de salir al desafío, debía respetar el clásico ritual. Me acerqué a la Virgen cercana a la balanza y me persigné dos veces. Luego, montura en mano, me pesé.

–¿Cuánto tiene que darme? –consulté a Jorge, el Balancero (sí, se llama así).

–Sin casco, 58. Pero vos te vas a pasar –dijo.

El hombre demostró su experiencia. Tenía razón. La balanza marcó diez kilos más de los permitidos. Pero pude correr. Dante Echeverri, un jinete rosarino que había llegado desde Buenos Aires para competir en la final, me pasó algunos secretos.

–Cuando estás corriendo tenés que respetar al resto de los jockeys. Aprovechá el barro de la pista para ponerte delante y que el lodo que vuela moleste al de atrás –me susurró al oído. Y recordó que en una competencia tuvo que retar a un colega que le faltó el respeto. “En una décima de segundo, y con una mano sola, giré la fusta  y le di un golpe seco con el mango en el medio de la cabeza”, dijo mientras imitaba el movimiento con su mano.

En el escenario estaba todo listo, y Pamela David presentó a las diez participantes que compitieron por ser elegida Reina del Turf de Santa Fe.

Los organizadores armaron una carrera de 400 metros, con caballos criollos, para mí. Aunque creo que, más que mi integridad, su fin era resguardar a los caballos de carrera. Es entendible cuando uno se entera que en Córdoba, por ejemplo, hay un padrillo pura sangre por el que su dueño cobra 8 mil dólares para servir a una yegua. Encima, puede rendir 14 servicios por semana, o sea unos 400 mil dólares por mes (una hermosa jubilación). Puede cobrar ese dineral porque su padrillo engendró varios potrillos que fueron campeones argentinos y que han ganado en Europa. Esos caballos se venden luego a cientos de miles de euros.

Momento crucial

Llegó la hora. Me subí a Corazón y encaramos hacia la gatera. No bien salimos a la pista, el público comenzó a apilarse contra las vallas de contención. Tomamos nuestros lugares y, en el momento en el que se abrieron las puertas de la gatera, salimos lanzados a toda velocidad. El público gritaba con euforia, no paraba alentar al caballo al que había apostado. ¿Alguien habrá puesto unos mangos por mí? En ningún momento del día, ahora que lo pienso, relacioné al turf con el apostador que se juega hasta lo puesto, quizá porque lo estaba viviendo desde adentro. La carrera comenzó y sólo tenía que concentrarme en llegar.

Faltaban doscientos metros y el número dos estaba a la par; no sabía cómo hacer para sacármelo de encima. Quienes me seguían se comieron los pedazos de lodo que levantaban las patas de mi caballo. De repente surgió una voz desde el público: “Vaaamos Corazón viejo y peludo, no má”. Ese aliento enorgulleció a Corazón y le hizo sacar fuerzas de dónde no la hay. El cuatro empezó a quedar relegado.

–¡Faltan 10 metros para el disco y el 4, Corazón, le saca media cabeza de ventaja al 2, flash y… –el relator hizo una pausa y luego gritó eufórico:

–¡Cruzaron el disco!

La carrera duró 30 segundos. En el final recordé la voz de Gardel entonando: “Leguisamo al trote!, y el Pulpo cruza el disco triunfal”. Me siento aquel Pulpo que hizo historia en el hipismo argentino. Sin darme cuenta, logré entenderme con mi caballo Corazón, fundamental para terminar como lo hice, en lo más alto del podio.


Nota publicada en la revista El Guardián.

jueves, 5 de mayo de 2011

El porro es un tema de campaña


La detención de un joven que tenía 15 plantas de marihuana en su casa reavivó la discusión. Hay cinco proyectos para cambiar la ley de drogas. Denuncian que el 70% del presupuesto contra el narcotráfico se gasta en perseguir perejiles.


Matías Faray pasó dos semanas detenido por cultivo de marihuana. Su caso reabre la discusión sobre la modificación de la ley de drogas, un tema conflictivo y muy criticado por los sectores conservadores. El gobierno nacional, a través del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se mostró a favor de la despenalización cuando el oficialismo presentó su proyecto. Cinco iniciativas esperan ser tratadas en el Congreso. La de Libres del Sur es la única que cuenta con el apoyo de la comunidad de cultivadores.

El jueves 14 de abril, cuando el reloj marcaba las 17, efectivos policiales allanaron el departamento de Matías Faray. Adentro encontraron 15 plantas de marihuana. Faray fue detenido y pasó dos semanas en prisión. Una de las principales modificaciones que se propone el proyecto de la diputada de Libres del Sur, Victoria Donda, es que nadie pueda ir preso por tener una o dos plantas o un porro. Donda pide modificar tres artículos y derogar diez.

Más allá de que el famoso fallo de la Corte Suprema sugiere que no se penalice al consumidor de pequeñas cantidades, al que diferencia de los narcotraficantes, el artículo 14 de la Ley 23.737 pena de un mes a dos años la tenencia para consumo personal. Es decir, hoy por hoy, cualquiera que encienda un cigarrillo de marihuana en la calle o ponga una planta en su balcón, a la vista de sus vecinos, puede ser detenido. Aunque hay jueces que los absuelven. La mayoría de los proyectos proponen cambiar ese artículo.

Al día siguiente de ser detenido, Matías Faray fue interrogado por el secretario del fiscal y luego trasladado a una celda compartida con presos comunes de la comisaría 2ª de Villa Tesei. Quince días después, la jueza Mónica López Osornio dictó el procesamiento por producción y almacenamiento de estupefacientes, delito que tiene una pena de entre 5 y 15 años. El caso tomó tanta relevancia en los medios que la magistrada debió citar a Matías para escuchar  personalmente su versión. Y luego le dio la excarcelación extraordinaria. En base a datos del Ministerio de Justicia, la diputada Donda asegura que “el 27 % de los presos están procesados por ser consumidores. En el país, el 32 % de los detenidos está encerrado por la actual ley de estupefacientes, y sólo un 5 % pertenecen a delitos relacionados con la comercialización. Se tramitan unas 6 mil causas por año, y cada una tiene un costo promedio de 5 mil pesos”. Además, Donda coincide con el presidente de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico, el diputado por el GEN, Fabián Peralta, en que cerca del 70 % de la partida presupuestaria que dispone el Estado para la lucha contra el narcotráfico se pierde persiguiendo a usuarios.

“Hay que modificar la Ley 23.737 para que se deje de perseguir a los consumidores y ese dinero se invierta en la lucha contra el narcotráfico”, reclamó Donda. El director de la revista THC, Alejandro Sierra, aseguró que el proyecto presentado por Libres del Sur es el único que cuenta con el apoyo de los activistas contra la despenalización. La diputada sostiene que su proyecto está basado en las “directivas emanadas de la Constitución Nacional y de los pactos internacionales de Derechos Humanos. Cuenta con los lineamientos de las expresiones de la Corte Suprema, del pedido de integrantes del Poder Judicial y de ONGs que buscan humanizar tratamientos”.

Además de Donda, durante 2010, el kirchnerismo, el socialismo, el GEN y el radicalismo presentaron proyectos. Lo cierto es que, en medio de tanto discurso progresista, gran parte de los bloques de la Cámara de Diputados piden vía libre para tratar el tema. Aunque en el bloque Pro las opiniones están divididas y aseguraron que “es probable que, cuando se trate, cada uno vote según su conciencia”.

Cuando el kirchnerismo presentó su proyecto de despenalización, apoyado por el fallecido ex presidente Néstor Kirchner y avalado por la Presidenta Cristina Fernández, Aníbal Fernández –que reunió a un comité de notables para redactar la nueva ley– respondió a las críticas: “No somos promotores del consumo de drogas. Pero tenemos que ocuparnos de atacar a los traficantes”.

Todos los proyectos y sus impulsores sostienen que es necesario que el Estado comience a trabajar en la prevención y pueda enfocar sus energías en darle una pelea seria al narcotráfico.

El diputado del GEN, Fabián Peralta, explicó que “hay proyectos piso y otros techo”. “Estamos dispuestos a ceder, y aceptar que no sea el imputado el que tenga que demostrar su culpabilidad para lograr un proyecto por consenso que se convierta en ley”.

“El argumento que sostiene que si se despenaliza el consumo personal colaboraría con el narcotráfico es insostenible. No hay estudio en el mundo que avale la teoría de que el que consume marihuana, y tiene posibilidad de cultivarla, recaiga igualmente en otras drogas, porque de esa manera no necesitaría un proveedor”, aseguran dos de los tres proyectos presentados –el de Libres del Sur y del GEN–, teoría compartida por el propio Aníbal Fernández.

“Es hora de que en la Argentina se trate el tema en serio, y esperamos que sea este año. Maduramos lo suficiente como sociedad para poder dar este debate”, indicó Peralta.

Por ello es que, tal como se hizo el año pasado, el próximo sábado 7 de mayo se realizará una marcha frente al Congreso pidiendo el tratamiento del tema en el recinto, para que los miles de Matías Faray que hoy habitan los penales argentinos tengan la posibilidad de recuperarse, con la ayuda del Estado y sin ser condenados como si fueran peligrosos narcos.


Nota publicada en la revista El Guardián.