Dos grupos anarquistas se adjudican el incendio de 50 autos en un mes. Amenazan con prender fuego las casas de los barrios de moda y en sus comunicados enseñan a fabricar una molotov. Se definen como rebeldes que combaten a la burguesía. Por qué el caso agravó la pelea entre la Federal y la Metropolitana .
Por Javier Sinay y Pablo Berisso
La tarde cae silenciosa en el 3600 de la calle Nazarre, en
lo profundo de Villa del Parque, y parece un capítulo más del ocaso del verano.
Pero la cara de Oscar, el hombre que intenta quitar una sombra chamuscada del
piso de su chalet, luce sombría. Sus rasgos largos, su mirada resignada, sus
palabras escuetas: todo indica que a este tipo le pasó algo. Y lo que le pasó
fue para él como una calamidad. Alza un dedo inmotivado y señala: su Hyundai
Santa Fe, su camioneta que supo ser espléndida, parece hoy un canto a la
chatarra. El capó luce chamuscado y las gomas delanteras son un recuerdo: el
sueño del fuego que incita al pirómano ardió aquí, aunque Oscar no termine de
aceptarlo.
Esa camioneta no es la única que se puede ver quemada
durante un paseo por Villa del Parque. A un par de cuadras, sobre el 3800 de
Pedro Lozano, yacen dos más. Una Chery Tiggo ostenta un cartel pegado por su
dueño: “ESTO ES SENSACIÓN DE INSEGURIDAD”. La otra, una VW Tiguan, parece un
rinoceronte muerto. Un tercer coche fue retirado poco tiempo atrás por la grúa.
Al cobijo de las altas horas, la calle Pedro Lozano se ilumina como en una
celebración, el hierro se retuerce y los amantes de las llamas corren y festejan.
Un haz de carcajadas corta la noche. Pero no es la única hoguera. Villa
Ortúzar, Villa Devoto y Saavedra guardan también varias carrocerías quemadas,
así como Almagro, Liniers, Caballito, Villa Crespo y Pompeya. Es que en el
último mes han sido prendidos en Buenos Aires 50 coches. La mayoría, de alta
gama.
Todos los blancos lucen con el capó carbonizado. Las
pericias indican que el incendio se inicia con una bomba Molotov o con el rocío
de alcohol fino en las ruedas delanteras. El caucho de los neumáticos se quema
y las llamas ganan rápidamente el motor. En otras ocasiones, cortan la manguera
de combustible y arrojan un fósforo al goteo de la nafta. De día, los vecinos
se alborotan y el miedo corre como el mismo reguero de nafta ardiente. “Me dijo
un policía que debe haber un ‘Loco de la Ecosport’”, se estremece una vecina.
El de los autos quemados se ha convertido en un capítulo más
de la misteriosa Buenos Aires, y pide un recuerdo para la noche larga del
viernes 20 de mayo de 2011, en la que 100 autos fueron destrozados en La Plata
en un ataque nunca descifrado y, más lejos aún, para la quema masiva de Francia
repetida en 2008 y 2009.
“Hemos elevado un petitorio al Gobierno de la Ciudad por más
patrullajes para estos barrios y más investigación sobre los hechos”, dice el
abogado Javier Miglino, que representa a dos de las víctimas y que tomó
contacto con la singular serie a través de Defendamos Buenos Aires, la ONG que
fundó y que recibe denuncias de derrumbes, de inundaciones, de usurpaciones… y de
autos quemados. Muchos de los damnificados, cuenta el abogado, ya han iniciado
el trámite para cobrar el seguro, pero no tienen la certeza de llegar a buen
puerto. “Las compañías están obligadas a cubrir este tipo de siniestros”,
responde un vocero de la Superintendencia de Seguros de la Nación. “Pero la
cobertura depende de la categoría y de la cláusula. Hay dos tipos de cobertura:
de daño parcial o de daño total. Se considera daño parcial a las pérdidas que
superan el 20% del valor de venta del coche; y daño total cuando el costo de
reparación alcanza el 80% del valor del vehículo”.
Sin embargo, el interrogante por la autoría se despeja
inesperadamente ante los comunicados de dos grupos anarquistas que se adjudican
las acciones como medio de protesta y de guerra social, y que circulan en
varios blogs desde hace más de un año. “Nuestra arma es el fuego que
propagamos”, decían los Amigxs de la Tierra en febrero del año pasado, para
informar de la quema de tres vehículos. Y en septiembre: “Nos sentimos bien al
destruir los fines de los burgueses porque nuestro principio es la libertad”.
Luego, en octubre: “A pesar de las diferentes formas de entender el mundo que
existen, todos estamos en la misma, algunos deciden estar arriba de un auto,
otro decidimos prenderle fuego”. En febrero de 2012 se quejan por las
videocámaras de las calles porteñas al tiempo que reivindican la quema de un
patrullero de la comisaría 23ª. “Nuestra propuesta es la destrucción de los
coches y las propiedades de lxs burguesxs, atacarlxs en sus barrios, de Palermo
a Villa Devoto todxs creen y están seguros que todo sigue igual, pero hay
individuos que estamos hartos y pretendemos continuar la iniciativa de expandir
la revuelta cotidiana”, consideran. Además de Palermo apuntan a otros barrios:
Belgrano y Núñez.
En los últimos días ha aparecido un nuevo grupo: se llama
Núcleo Indomable por la Expansión del Fuego y ha emitido un comunicado en el
que reclama para sí un atentado nocturno contra los tribunales de la calle
Paraguay.
Los dos grupos se identifican con la Federación Anarquista
Informal (FAI), una entidad de origen europeo que propone la comunicación entre
sus células a través de acciones y notificados como los que ahora conoce Buenos
Aires. “De alguna manera, la FAI es como Anonymous, una especie de sello y no
una organización en sí misma”, dice un anarquista que prefiere no descubrir su
identidad y que se posiciona lejos de los ataques. “Pero más que despertar la
bronca contra el capitalismo, este tipo de acciones genera una idea contra la
militancia y el mensaje no queda claro”, explica. Y aclara, como excusándose:
“Hay tantas interpretaciones del anarquismo como anarquistas”.
Cien años después
Así las cosas, se impone una pregunta: ¿entonces está vivo
el anarquismo argentino? Si hace 100 años fue el principal enemigo del
Centenario, el movimiento ácrata llegó como un pálido recuerdo de sí mismo
(liquidado, a grandes rasgos, por el peronismo) al Bicentenario. Sin embargo,
los nombres de algunos de sus héroes todavía resuenan en las bases y son
reivindicados por historiadores y sociólogos como Osvaldo Bayer, Christian
Ferrer u Osvaldo Baigorria –autores de trabajos valiosos y necesarios. “El punk
fue muy importante en los años 80: le dio al anarquismo una impronta de vida
cotidiana, de estética y de combate contra la policía en la calle”, retoma el
anarquista oculto. Y explica cómo la energía de la vieja FORA pareció revivir
en los MTD del conurbano: “Ya durante la década de 1990, algunos pensamos que
el punk no iba a ningún lado y retomamos la idea de un anarquismo social. En
los 2000, eso derivó en varias organizaciones de base que armaron movimientos
piqueteros”.
Los anarquistas porteños que queman coches adhieren a la
corriente insurreccionalista, vigorizada durante las movilizaciones europeas
antiglobalización (con los Black Block y el manifiesto “Ai ferri corti”), y se
inspiran en sus compañeros italianos y griegos. En sus comunicados, los Amigxs
de la Tierra y el Núcleo Indomable mencionan a una decena de militantes presos
o muertos del anarquismo chileno, alemán, suizo, mexicano, estadounidense y
español. Pero ninguno de ellos es argentino. Ni siquiera Freddy Fuentevilla o
Marcelo Villarroel, cuyos nombres se repiten como un mantra de aerosol en las
paredes porteñas. (Naturalmente, el internacionalismo es uno de los valores de
un movimiento que maldice fronteras y estados).
Pero los Amigxs de la Tierra y el Núcleo Indomable podrían
no existir más allá de sus breves textos y de sus fierros chamuscados: no
tienen web, ni mail, ni perfil de red social. En el ambiente ácrata, nadie
parece conocerlos. ¿Son reales estos grupos? Y si no, ¿quién está prendiendo
fuego los autos? ¿Un pirómano que evoca las hazañas del chino Li Quinz Hong,
conocido como Fosforito; o las de un contemporáneo de los anarquistas de
antaño, el Petiso Orejudo (que además de matar niños desparramaba el fuego por
la ciudad)? ¿Son los propios dueños de los coches, que quieren cobrar la póliza
de su seguro? ¿Es una banda de ladrones que busca dispersar la atención de la Policía
para golpear más allá? ¿O es un grupo ejecutor de la política sucia de bajo
vuelo?
En ese sentido, la pregunta es por Macri y por la guerra
sorda que disputan la Policía Federal y la Metropolitana. “La Metropolitana
sólo tiene un pedido de colaboración de parte de la Federal”, dice un vocero de
la fuerza porteña. “La investigación la llevan ellos porque nosotros no tenemos
jurisdicción. Por propia voluntad, hemos constatado que en una de las calles no
había cámaras y estamos esperando un pedido de la Federal con las direcciones
de los otros hechos. Pero para seguir constatando necesitamos una orden
judicial que por ahora no se ha emitido”. Hay algunas cuestiones más: ¿es una
operación política antimacrista para sembrar descontrol? ¿O una movida favorable
al jefe de Gobierno, para pedir más recursos para su fuerza?
Mientras tanto, Oscar, el vecino de Villa del Parque, sigue
barriendo el frente de su casa para limpiar los restos del chamusque. Su cara
–larga, larguísima– no ha cambiado: descree de que su seguro cubra incendios. Y
espera que alguien le explique por qué su camioneta ha sido sacrificada en una
guerra en la que él ni siquiera quiere participar.
Qué dicen los viejos
anarquistas
Una voz viene del otro lado de la puerta: “¡Si es por la
quema de autos, nosotros no sabemos nada!”. Allí, en el local de la Federación
Libertaria Argentina (FLA) de la calle Brasil, no quieren tener nada que ver con
la serie, a tal punto que ni siquiera abren la puerta de la casona, y las
palabras escuetas del anarquismo se repiten también en la Biblioteca José
Ingenieros, de Palermo, donde un muchacho amable pero breve explica: “Acá somos
especifistas, pero los que queman autos son insurreccionalistas”. Una recorrida
por los locales tradicionales del anarquismo argentino parece errar los pasos
tras la pista de los coches quemados.
Pero sirve, al menos, para comprobar que los viejos
anarquistas siguen vivos: el legado del que alguna vez fue un movimiento de
masas perdura en esos sitios y en el último local de la Federación Obrera
Regional Argentina (la legendaria FORA, donde, dicho sea de paso, tampoco hay
nadie interesado en hablar). En esa tradición no han faltado héroes: los más
recordados son, acaso, Simón Radowitzky (que en 1909 asesinó espectacularmente
al jefe de policía Ramón Falcón), Kurt Wilckens (que en 1923 vengó la represión
de la Patagonia rebelde con el homicidio del teniente coronel Héctor Benigno
Varela) y Severino di Giovanni (foto), el temible expropiador que protagonizó
una audaz campaña de atentados y que inspiró hermosos, magníficos textos de
Roberto Arlt y de Osvaldo Bayer.
Receta explosiva
“Hazlo tú mismo, teoría y práctica”, asegura el título de
uno de los comunicados del grupo anarquista Amigxs de la Tierra, bajo el cual dan
detalladas indicaciones –acompañadas de un gráfico– de cómo armar una bomba
molotov. Este tipo de artefactos explosivos es también conocido como cóctel
molotov y está compuesto por una botella con líquido inflamable y una mecha
encendida, que al estallar produce una expansión del fuego. Pero este sistema
no es nuevo. Su origen data de la Guerra de Invierno (también se usó en la
Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial). Y su nombre (cóctel
Molotov) lo inspiró su creador y promotor, el entonces comisario de Asuntos
Exteriores de la Unión Soviética Viacheslav Mólotov, un viejo bolchevique y
figura destacada en el gobierno soviético durante la década de 1920.
Decálogo ácrata
1-Romper la paz social.
2-Luchar contra la burguesía y el sistema capitalista.
3-Muerte a la autoridad y a la civilización.
4-Reinvidicar la liberación total.
5-La destrucción de la mercancía.
6-Muerte a la política y al poder.
7-Liberación de los presos y presas anarquistas de todo el
mundo.
8-La destrucción de todas las prisiones.
9-En contra del control de pensamiento que ejercen los
medios de comunicación.
10-Proteger la tierra y los árboles.
OPINIÓN
Grupo extremo o loco
pirómano
Escribe Raúl Torre, profesor Universitario de Criminología y
Criminalística.
Los casos de incendios de vehículos automotores que se han
dado a repetición en la Ciudad de Buenos Aires, desde el análisis de la
investigación criminal, han permitido la formulación de distintas hipótesis.
La primera es que efectivamente se trate de un grupo con una
determinada ideología política extrema, que efectiviza este accionar como forma
de protesta y propaganda. Una segunda es que una persona con un claro trastorno
antisocial de la personalidad practique estos actos criminales de
comportamiento sistemático con la intención no de perturbar a determinadas
personas, sino de afectar a la sociedad toda que se altera y aterra con estos
hechos. Y, finalmente, la tercera hipótesis transita un camino más complejo, el
de hallarnos frente a una personalidad con ribetes patológicos: un pirómano.
La palabra piromanía proviene del griego “pyros”, que quiere
decir “fuego”, y “manía”, que indica una forma de compulsión por la práctica de
actividades que lo generen, para luego poder observarlo con una seducción
particular. El comportamiento de estos individuos, entonces, se traduce en la
producción de incendios, lo que les provoca un intenso placer. Muchas veces,
los actos previos y preparatorios del espectáculo ígneo van acompañados de un
estado de nerviosismo o tensión que se alivia o libera al iniciarse el fuego.
Como podemos apreciar en algunos casos, existen también
sicarios que practican el incendio como metodología para concebir temor para la
extorsión o como forma de venganza.
Nota publicada en la revista El Guardián.