jueves, 15 de marzo de 2012

Buenos Aires bajo fuego anarco

Dos grupos anarquistas se adjudican el incendio de 50 autos en un mes. Amenazan con prender fuego las casas de los barrios de moda y en sus comunicados enseñan a fabricar una molotov. Se definen como rebeldes que combaten a la burguesía. Por qué el caso agravó la pelea entre la Federal y la Metropolitana .


Por Javier Sinay y Pablo Berisso



La tarde cae silenciosa en el 3600 de la calle Nazarre, en lo profundo de Villa del Parque, y parece un capítulo más del ocaso del verano. Pero la cara de Oscar, el hombre que intenta quitar una sombra chamuscada del piso de su chalet, luce sombría. Sus rasgos largos, su mirada resignada, sus palabras escuetas: todo indica que a este tipo le pasó algo. Y lo que le pasó fue para él como una calamidad. Alza un dedo inmotivado y señala: su Hyundai Santa Fe, su camioneta que supo ser espléndida, parece hoy un canto a la chatarra. El capó luce chamuscado y las gomas delanteras son un recuerdo: el sueño del fuego que incita al pirómano ardió aquí, aunque Oscar no termine de aceptarlo.

Esa camioneta no es la única que se puede ver quemada durante un paseo por Villa del Parque. A un par de cuadras, sobre el 3800 de Pedro Lozano, yacen dos más. Una Chery Tiggo ostenta un cartel pegado por su dueño: “ESTO ES SENSACIÓN DE INSEGURIDAD”. La otra, una VW Tiguan, parece un rinoceronte muerto. Un tercer coche fue retirado poco tiempo atrás por la grúa. Al cobijo de las altas horas, la calle Pedro Lozano se ilumina como en una celebración, el hierro se retuerce y los amantes de las llamas corren y festejan. Un haz de carcajadas corta la noche. Pero no es la única hoguera. Villa Ortúzar, Villa Devoto y Saavedra guardan también varias carrocerías quemadas, así como Almagro, Liniers, Caballito, Villa Crespo y Pompeya. Es que en el último mes han sido prendidos en Buenos Aires 50 coches. La mayoría, de alta gama.

Todos los blancos lucen con el capó carbonizado. Las pericias indican que el incendio se inicia con una bomba Molotov o con el rocío de alcohol fino en las ruedas delanteras. El caucho de los neumáticos se quema y las llamas ganan rápidamente el motor. En otras ocasiones, cortan la manguera de combustible y arrojan un fósforo al goteo de la nafta. De día, los vecinos se alborotan y el miedo corre como el mismo reguero de nafta ardiente. “Me dijo un policía que debe haber un ‘Loco de la Ecosport’”, se estremece una vecina.

El de los autos quemados se ha convertido en un capítulo más de la misteriosa Buenos Aires, y pide un recuerdo para la noche larga del viernes 20 de mayo de 2011, en la que 100 autos fueron destrozados en La Plata en un ataque nunca descifrado y, más lejos aún, para la quema masiva de Francia repetida en 2008 y 2009.

“Hemos elevado un petitorio al Gobierno de la Ciudad por más patrullajes para estos barrios y más investigación sobre los hechos”, dice el abogado Javier Miglino, que representa a dos de las víctimas y que tomó contacto con la singular serie a través de Defendamos Buenos Aires, la ONG que fundó y que recibe denuncias de derrumbes, de inundaciones, de usurpaciones… y de autos quemados. Muchos de los damnificados, cuenta el abogado, ya han iniciado el trámite para cobrar el seguro, pero no tienen la certeza de llegar a buen puerto. “Las compañías están obligadas a cubrir este tipo de siniestros”, responde un vocero de la Superintendencia de Seguros de la Nación. “Pero la cobertura depende de la categoría y de la cláusula. Hay dos tipos de cobertura: de daño parcial o de daño total. Se considera daño parcial a las pérdidas que superan el 20% del valor de venta del coche; y daño total cuando el costo de reparación alcanza el 80% del valor del vehículo”.

Sin embargo, el interrogante por la autoría se despeja inesperadamente ante los comunicados de dos grupos anarquistas que se adjudican las acciones como medio de protesta y de guerra social, y que circulan en varios blogs desde hace más de un año. “Nuestra arma es el fuego que propagamos”, decían los Amigxs de la Tierra en febrero del año pasado, para informar de la quema de tres vehículos. Y en septiembre: “Nos sentimos bien al destruir los fines de los burgueses porque nuestro principio es la libertad”. Luego, en octubre: “A pesar de las diferentes formas de entender el mundo que existen, todos estamos en la misma, algunos deciden estar arriba de un auto, otro decidimos prenderle fuego”. En febrero de 2012 se quejan por las videocámaras de las calles porteñas al tiempo que reivindican la quema de un patrullero de la comisaría 23ª. “Nuestra propuesta es la destrucción de los coches y las propiedades de lxs burguesxs, atacarlxs en sus barrios, de Palermo a Villa Devoto todxs creen y están seguros que todo sigue igual, pero hay individuos que estamos hartos y pretendemos continuar la iniciativa de expandir la revuelta cotidiana”, consideran. Además de Palermo apuntan a otros barrios: Belgrano y Núñez.

En los últimos días ha aparecido un nuevo grupo: se llama Núcleo Indomable por la Expansión del Fuego y ha emitido un comunicado en el que reclama para sí un atentado nocturno contra los tribunales de la calle Paraguay.

Los dos grupos se identifican con la Federación Anarquista Informal (FAI), una entidad de origen europeo que propone la comunicación entre sus células a través de acciones y notificados como los que ahora conoce Buenos Aires. “De alguna manera, la FAI es como Anonymous, una especie de sello y no una organización en sí misma”, dice un anarquista que prefiere no descubrir su identidad y que se posiciona lejos de los ataques. “Pero más que despertar la bronca contra el capitalismo, este tipo de acciones genera una idea contra la militancia y el mensaje no queda claro”, explica. Y aclara, como excusándose: “Hay tantas interpretaciones del anarquismo como anarquistas”.

Cien años después

Así las cosas, se impone una pregunta: ¿entonces está vivo el anarquismo argentino? Si hace 100 años fue el principal enemigo del Centenario, el movimiento ácrata llegó como un pálido recuerdo de sí mismo (liquidado, a grandes rasgos, por el peronismo) al Bicentenario. Sin embargo, los nombres de algunos de sus héroes todavía resuenan en las bases y son reivindicados por historiadores y sociólogos como Osvaldo Bayer, Christian Ferrer u Osvaldo Baigorria –autores de trabajos valiosos y necesarios. “El punk fue muy importante en los años 80: le dio al anarquismo una impronta de vida cotidiana, de estética y de combate contra la policía en la calle”, retoma el anarquista oculto. Y explica cómo la energía de la vieja FORA pareció revivir en los MTD del conurbano: “Ya durante la década de 1990, algunos pensamos que el punk no iba a ningún lado y retomamos la idea de un anarquismo social. En los 2000, eso derivó en varias organizaciones de base que armaron movimientos piqueteros”.

Los anarquistas porteños que queman coches adhieren a la corriente insurreccionalista, vigorizada durante las movilizaciones europeas antiglobalización (con los Black Block y el manifiesto “Ai ferri corti”), y se inspiran en sus compañeros italianos y griegos. En sus comunicados, los Amigxs de la Tierra y el Núcleo Indomable mencionan a una decena de militantes presos o muertos del anarquismo chileno, alemán, suizo, mexicano, estadounidense y español. Pero ninguno de ellos es argentino. Ni siquiera Freddy Fuentevilla o Marcelo Villarroel, cuyos nombres se repiten como un mantra de aerosol en las paredes porteñas. (Naturalmente, el internacionalismo es uno de los valores de un movimiento que maldice fronteras y estados).

Pero los Amigxs de la Tierra y el Núcleo Indomable podrían no existir más allá de sus breves textos y de sus fierros chamuscados: no tienen web, ni mail, ni perfil de red social. En el ambiente ácrata, nadie parece conocerlos. ¿Son reales estos grupos? Y si no, ¿quién está prendiendo fuego los autos? ¿Un pirómano que evoca las hazañas del chino Li Quinz Hong, conocido como Fosforito; o las de un contemporáneo de los anarquistas de antaño, el Petiso Orejudo (que además de matar niños desparramaba el fuego por la ciudad)? ¿Son los propios dueños de los coches, que quieren cobrar la póliza de su seguro? ¿Es una banda de ladrones que busca dispersar la atención de la Policía para golpear más allá? ¿O es un grupo ejecutor de la política sucia de bajo vuelo?

En ese sentido, la pregunta es por Macri y por la guerra sorda que disputan la Policía Federal y la Metropolitana. “La Metropolitana sólo tiene un pedido de colaboración de parte de la Federal”, dice un vocero de la fuerza porteña. “La investigación la llevan ellos porque nosotros no tenemos jurisdicción. Por propia voluntad, hemos constatado que en una de las calles no había cámaras y estamos esperando un pedido de la Federal con las direcciones de los otros hechos. Pero para seguir constatando necesitamos una orden judicial que por ahora no se ha emitido”. Hay algunas cuestiones más: ¿es una operación política antimacrista para sembrar descontrol? ¿O una movida favorable al jefe de Gobierno, para pedir más recursos para su fuerza?

Mientras tanto, Oscar, el vecino de Villa del Parque, sigue barriendo el frente de su casa para limpiar los restos del chamusque. Su cara –larga, larguísima– no ha cambiado: descree de que su seguro cubra incendios. Y espera que alguien le explique por qué su camioneta ha sido sacrificada en una guerra en la que él ni siquiera quiere participar.




Qué dicen los viejos anarquistas

Una voz viene del otro lado de la puerta: “¡Si es por la quema de autos, nosotros no sabemos nada!”. Allí, en el local de la Federación Libertaria Argentina (FLA) de la calle Brasil, no quieren tener nada que ver con la serie, a tal punto que ni siquiera abren la puerta de la casona, y las palabras escuetas del anarquismo se repiten también en la Biblioteca José Ingenieros, de Palermo, donde un muchacho amable pero breve explica: “Acá somos especifistas, pero los que queman autos son insurreccionalistas”. Una recorrida por los locales tradicionales del anarquismo argentino parece errar los pasos tras la pista de los coches quemados.

Pero sirve, al menos, para comprobar que los viejos anarquistas siguen vivos: el legado del que alguna vez fue un movimiento de masas perdura en esos sitios y en el último local de la Federación Obrera Regional Argentina (la legendaria FORA, donde, dicho sea de paso, tampoco hay nadie interesado en hablar). En esa tradición no han faltado héroes: los más recordados son, acaso, Simón Radowitzky (que en 1909 asesinó espectacularmente al jefe de policía Ramón Falcón), Kurt Wilckens (que en 1923 vengó la represión de la Patagonia rebelde con el homicidio del teniente coronel Héctor Benigno Varela) y Severino di Giovanni (foto), el temible expropiador que protagonizó una audaz campaña de atentados y que inspiró hermosos, magníficos textos de Roberto Arlt y de Osvaldo Bayer.



Receta explosiva

“Hazlo tú mismo, teoría y práctica”, asegura el título de uno de los comunicados del grupo anarquista Amigxs de la Tierra, bajo el cual dan detalladas indicaciones –acompañadas de un gráfico– de cómo armar una bomba molotov. Este tipo de artefactos explosivos es también conocido como cóctel molotov y está compuesto por una botella con líquido inflamable y una mecha encendida, que al estallar produce una expansión del fuego. Pero este sistema no es nuevo. Su origen data de la Guerra de Invierno (también se usó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial). Y su nombre (cóctel Molotov) lo inspiró su creador y promotor, el entonces comisario de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética Viacheslav Mólotov, un viejo bolchevique y figura destacada en el gobierno soviético durante la década de 1920.



Decálogo ácrata

1-Romper la paz social.
2-Luchar contra la burguesía y el sistema capitalista.
3-Muerte a la autoridad y a la civilización.
4-Reinvidicar la liberación total.
5-La destrucción de la mercancía.
6-Muerte a la política y al poder.
7-Liberación de los presos y presas anarquistas de todo el mundo.
8-La destrucción de todas las prisiones.
9-En contra del control de pensamiento que ejercen los medios de comunicación.
10-Proteger la tierra y los árboles.



OPINIÓN

Grupo extremo o loco pirómano
Escribe Raúl Torre, profesor Universitario de Criminología y Criminalística.

Los casos de incendios de vehículos automotores que se han dado a repetición en la Ciudad de Buenos Aires, desde el análisis de la investigación criminal, han permitido la formulación de distintas hipótesis.

La primera es que efectivamente se trate de un grupo con una determinada ideología política extrema, que efectiviza este accionar como forma de protesta y propaganda. Una segunda es que una persona con un claro trastorno antisocial de la personalidad practique estos actos criminales de comportamiento sistemático con la intención no de perturbar a determinadas personas, sino de afectar a la sociedad toda que se altera y aterra con estos hechos. Y, finalmente, la tercera hipótesis transita un camino más complejo, el de hallarnos frente a una personalidad con ribetes patológicos: un pirómano.

La palabra piromanía proviene del griego “pyros”, que quiere decir “fuego”, y “manía”, que indica una forma de compulsión por la práctica de actividades que lo generen, para luego poder observarlo con una seducción particular. El comportamiento de estos individuos, entonces, se traduce en la producción de incendios, lo que les provoca un intenso placer. Muchas veces, los actos previos y preparatorios del espectáculo ígneo van acompañados de un estado de nerviosismo o tensión que se alivia o libera al iniciarse el fuego.

Como podemos apreciar en algunos casos, existen también sicarios que practican el incendio como metodología para concebir temor para la extorsión o como forma de venganza.


Nota publicada en la revista El Guardián.

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