En el campo, cuando se pierde un animal y se lo da por
muerto, la regla fundamental para encontrarlo es mirar hacia arriba, porque los
caranchos siempre revolotean el cadáver. Lo mismo sucede entre seres humanos
cada vez que hay un accidente, sobre todo cuando es de la magnitud de la
tragedia ferroviaria del miércoles 15 en la estación Once, que dejó 51 muertos
y más de 700 heridos. En la puerta de los hospitales, los buitres del dolor
fueron en busca de más víctimas.
No es para menos la desesperación de estos personajes
capaces de vender a su madre, ya que las demandas civiles se calcula que parten
de un piso de 150 mil pesos cada una, lo que les implicaría a los abogados una
ganancia de hasta 30 mil pesos por juicio. Para darse una idea de la magnitud
de los montos que pueden manejar los demandantes, el abogado Gregorio Dalbón,
patrocinante de 65 de las víctimas del accidente de Flores ocurrido en
septiembre de 2011, demandó por ese siniestro en la Justicia civil a la línea
de colectivos 92, a la empresa TBA y a sus aseguradoras por más 100 millones de
pesos. Ahora, dice representar a más de 100 damnificados de Once.
No todos los caranchos son abogados. Algunos son
particulares que, por medio de informantes (médicos, policías y personal
médico, entre otros), reclutan víctimas de accidentes. Trabajan para diferentes
estudios a los que les acercan los casos. Se abusan de la vulnerabilidad de los
damnificados: les hacen firmar un poder por el cual éstos les ceden gran parte
del resarcimiento que obtendrán por una demanda.
Horas después de ocurrida la tragedia, la puerta principal
del Hospital Ramos Mejía era uno de los ejemplos del accionar de estos
carroñeros. Con sólo hacer un recorrido con la mirada, se los podía identificar
fácilmente. Visten camisa y pantalón, lentes negros, suelen cargar un maletín
de cuero de oferta y, en algunos casos, usan saco prestado o alquilado. Una
decena de estos muchachos recorrió las inmediaciones del lugar en busca de
algún damnificado a quien entregarle una tarjeta personal.
Con el fin de proteger a los ciudadanos, la Cámara alta dio
en noviembre de 2011 media sanción al proyecto de ley anticarancho impulsado
por la senadora oficialista Norma Parrilli. La norma sancionada propone la
incorporación al Código Penal del artículo 842 bis, que establece que “toda
renuncia o transacción sobre los derechos originados en lesiones o muerte
requieren homologación del juez competente”. Este año podría convertirse en
ley.
Al mismo tiempo, el Colegio de Abogados de Rosario sugirió
pautas para enfrentar las prácticas denominadas como “avenegrismo”. Para
evitarlo, en el Hospital de Emergencias “Clemente Álvarez” de Rosario se
instaló una mesa de orientación en donde sugieren no firmarle ningún poder a
nadie y dejan un mail (denuncias@colabro.org.ar) para denuncias. Mientras
tanto, como lo muestra Pablo Trapero en el film protagonizado por Ricardo
Darín, los caranchos son capaces de tirar tarjetas sobre la camilla de un
moribundo que es trasladado al quirófano.
Nota publicada en la revista El Guardián.

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