jueves, 1 de marzo de 2012

Los cuervos que viven del drama

Como ocurre luego de cada accidente vial o tragedia ferroviaria, los abogados más inescrupulosos y sus colaboradores merodean los hospitales y las funerarias en busca de clientes. Cómo se mueven y cuánta plata llegan a ganar.



En el campo, cuando se pierde un animal y se lo da por muerto, la regla fundamental para encontrarlo es mirar hacia arriba, porque los caranchos siempre revolotean el cadáver. Lo mismo sucede entre seres humanos cada vez que hay un accidente, sobre todo cuando es de la magnitud de la tragedia ferroviaria del miércoles 15 en la estación Once, que dejó 51 muertos y más de 700 heridos. En la puerta de los hospitales, los buitres del dolor fueron en busca de más víctimas.

No es para menos la desesperación de estos personajes capaces de vender a su madre, ya que las demandas civiles se calcula que parten de un piso de 150 mil pesos cada una, lo que les implicaría a los abogados una ganancia de hasta 30 mil pesos por juicio. Para darse una idea de la magnitud de los montos que pueden manejar los demandantes, el abogado Gregorio Dalbón, patrocinante de 65 de las víctimas del accidente de Flores ocurrido en septiembre de 2011, demandó por ese siniestro en la Justicia civil a la línea de colectivos 92, a la empresa TBA y a sus aseguradoras por más 100 millones de pesos. Ahora, dice representar a más de 100 damnificados de Once.

No todos los caranchos son abogados. Algunos son particulares que, por medio de informantes (médicos, policías y personal médico, entre otros), reclutan víctimas de accidentes. Trabajan para diferentes estudios a los que les acercan los casos. Se abusan de la vulnerabilidad de los damnificados: les hacen firmar un poder por el cual éstos les ceden gran parte del resarcimiento que obtendrán por una demanda.

Horas después de ocurrida la tragedia, la puerta principal del Hospital Ramos Mejía era uno de los ejemplos del accionar de estos carroñeros. Con sólo hacer un recorrido con la mirada, se los podía identificar fácilmente. Visten camisa y pantalón, lentes negros, suelen cargar un maletín de cuero de oferta y, en algunos casos, usan saco prestado o alquilado. Una decena de estos muchachos recorrió las inmediaciones del lugar en busca de algún damnificado a quien entregarle una tarjeta personal.

Con el fin de proteger a los ciudadanos, la Cámara alta dio en noviembre de 2011 media sanción al proyecto de ley anticarancho impulsado por la senadora oficialista Norma Parrilli. La norma sancionada propone la incorporación al Código Penal del artículo 842 bis, que establece que “toda renuncia o transacción sobre los derechos originados en lesiones o muerte requieren homologación del juez competente”. Este año podría convertirse en ley.

Al mismo tiempo, el Colegio de Abogados de Rosario sugirió pautas para enfrentar las prácticas denominadas como “avenegrismo”. Para evitarlo, en el Hospital de Emergencias “Clemente Álvarez” de Rosario se instaló una mesa de orientación en donde sugieren no firmarle ningún poder a nadie y dejan un mail (denuncias@colabro.org.ar) para denuncias. Mientras tanto, como lo muestra Pablo Trapero en el film protagonizado por Ricardo Darín, los caranchos son capaces de tirar tarjetas sobre la camilla de un moribundo que es trasladado al quirófano.


Nota publicada en la revista El Guardián.

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