Embarcaciones europeas
y asiáticas participan de una depredación sistemática. Buques pesqueros
extranjeros saquean el atún y arrojan residuos en el mar.
En las costas de Somalia hay un grupo de corsarios armados
que nacieron como “Guardacostas Voluntarios”, con el fin de defender sus aguas
de los pesqueros que saquean el atún y de los barcos que allí vuelcan desechos
tóxicos.
Desde hace diecisiete años, poco después de que estallara la
crisis política de 1991 que dividió al país en dos, los piratas somalíes actúan
en las aguas del océano Índico y del mar Rojo. “Hoy no hay un gobierno único que organice a la
nación, por lo que es difícil que alguien logre controlarlos”, asegura Marisa
Pineau, titular de la cátedra de Historia
de Asia y África contemporánea de la UBA.
Debido justamente a la falta de controles, los países
poderosos no solo pescan de manera indiscriminada en aguas somalíes –donde se
halla una de las mayores reservas de atún del mundo- sino que también
aprovechan para depositar en el mar sus desechos tóxicos, una circunstancia que
salió a la luz tras el tsunami que azotó al país en 2004, porque el fuerte
oleaje rompió los contenedores depositados en el fondo del océano y arrastró
los fluidos hasta las playas.
Por otra parte, se ha comprobado que piratas y mercenarios
británicos han intervenido en numerosos secuestros, y también son ingleses los
bufetes de abogados que hacen de intermediarios en estas extorsiones, cobrando
por la labor de mediación que desarrollan.
“Desechos radioactivos de uranio y metales pesados como el
cadmio y mercurio se encontraron en las costas. También hay basura industrial,
desechos de hospital y basura de sustancias químicas”, aseguró en ese momento
el portavoz del Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP, siglas en
inglés), Nick Nuttall.
En 2008, se instalaron tres puestos navales antipiratería,
dos al sur de los Emiratos Árabes y uno en Yibuti - limítrofe con Somalia-
donde se unen el mar Rojo con el Golfo de Adén. Desde entonces, los secuestros
y robos a los buques sufrieron un notable incremento y pasaron de 35 en 2007 a
97 al año siguiente, según el último informe del International Maritima Boreau,
entidad encargada del rastreo satelital marítimo.
Los piratas conviven con la constante contradicción de ser
condenados por los países de la Unión Europea, mientras su accionar es avalado por la gran mayoría de
sus compatriotas. “El 70 por ciento de la población apoya la piratería como una
forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país”, concluyó una
investigación del grupo local independiente WardherNews.
La zona más caliente del conflicto es el Golfo de Adén, que
une el océano Índico con el mar Rojo, corredor marítimo por el que se
transporta el 20 por ciento del petróleo del mundo y por el que pesqueros, como
el recientemente liberado, circulan para abastecer a Europa de atún.
Actualmente, Francia, Estados Unidos y Reino Unido están preparando un borrador
de resolución para el Consejo de Seguridad de la ONU que autorizaría a estos
países a patrullar en aguas territoriales del Cuerno de África.
“Hace menos de cinco
meses se reunió un grupo internacional ‘antipiratería’ y allí los que exigieron
la más dura represión fueron Italia y Egipto; se dio la coincidencia de que en
esos días, en la costa somalí de Las Khorey, apresaron a una gabarra italiana y
a dos rastreadores egipcios abarrotados de peces capturados ilegalmente. Las
naves habían arrojado al mar dos grandes tanques que, según fundadas sospechas,
contenían basura contaminante. Los somalíes invitaron a expertos de diversos
países para que fueran a comprobar lo que ocurría, pero nadie acudió”, había
asegurado el periodista argentino Horacio Eichelbaum, en su columna del diario
“La Opinión” de Málaga.

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