Una oficina, un par de computadoras y 30 días son
suficientes para atacar. Luego, desaparecen sin dejar rastros, al igual que el
dinero de su cuenta bancaria. Así se mueven las bandas de hackers que, a medida
que crece el uso de los servicios informáticos de los bancos, multiplican los
ataques y engordan sus bolsillos sin empuñar un arma ni arriesgar sus vidas ni
las de terceros. Luego, las víctimas de este delito necesitarán de mucha
paciencia, abogados y un arduo trámite burocrático para recuperar lo perdido.
Con la bancarización de los sueldos dispuesta en 2001, el
Estado logró que empresas y personas físicas utilizaran más las entidades
bancarias. De a poco, internet alcanzó más masividad, lo que obligó a los
bancos a implementar servicios informáticos. El hecho de poder pagar los
impuestos y transferir dinero sin tener que ir a la sucursal del banco son
comodidades para las personas y las empresas. Pero esa comodidad puede costar
caro.
El vaciamiento de cuentas se logra gracias a una conjunto de
fallas y medidas no implementadas que, de ponerse en práctica, ayudarían a que
el dinero esté más seguro de lo que actualmente está. Y quienes más
atemorizados están son las empresas, puesto que se han convertido en el
objetivo principal de los hackers, ya que obtienen mayores sumas de dinero en
menos de dos horas.
El último gran golpe lo sufrió la imprenta Laser Jet, de
Comodoro Rivadavia, propiedad de Pedro Ingratta y Viviana Bottino. El 21 de
marzo, una banda de hackers robó 360 mil pesos de la cuenta de la empresa a
través de Interbanking, por medio de 16 transferencias.
“El banco vaciado es el Patagonia y los bancos que
recibieron el dinero son el Banco de la Nación y el Santander Río, a través de
16 transferencias realizadas a la empresa Estrategia Alimentaria de Rosario y a
Rubén Fabián Díaz de Vera, Santa Fe”, explicó el abogado de los damnificados,
Javier Miglino.
Modus operandi
Según un informe difundido por la consultora
PriceWaterhouseCoopers, casi el 70% de los clientes bancarios en el mundo
utiliza internet para realizar operaciones financieras. Y se espera que para
2015 la principal interacción de los bancos con sus clientes sea digital. En la
Argentina, cerca de un 40% de usuarios de bancos utiliza los servicios de
internet, porcentaje que se incrementa en forma acelerada, ya que es una
incomodidad para los clientes, pero también un riesgo posible de evitar.
Treinta días son suficientes para que estas bandas se hagan
de una importante suma de dinero y usted con un terrible dolor de cabeza. No se
trata de unos simples hackers aburridos, sino de un grupo de especialistas que
trabajan de manera organizada y que, al terminar el fraude, desaparecen sin
dejar huellas, como suele verse en las películas de Hollywood.
Por medio de internet o avisos publicitarios, los
delincuentes cooptan personas a las que les prometen “ganar dinero fácil y sin
moverse de su casa”. Estos “empleados nuevos” terminan siendo los que pagarán
ante la Justicia por el fraude, ya que los convencen de prestar sus cuentas
bancarias para realizar transacciones. Luego, alquilan una oficina por un par
de meses. Allí, instalan algunas computadoras con internet de banda ancha.
Siempre utilizando documentación falsa. Una vez instalados, comienzan a
trabajar.
Durante la primera semana ingresan a las páginas de inicio
de los bancos y comienzan la labor de deducir el usuario y contraseña de las
empresas previamente elegidas. Entre siete y 15 días les lleva hackear una
cuenta. Una vez dentro, fraguan la clave MAC (clave que sólo conocen el banco y
el usuario) y comienza el trabajo de inteligencia. Revisan minuciosamente la
hora en que realizan los movimientos –generalmente, las empresas lo hacen
siempre en el mismo horario–, buscando transferencias únicas de entre 80 y 100
mil pesos. Una vez burlados los controles bancarios en materia de seguridad
digital, atacan media hora después de la franja horaria en la que se mueve la víctima:
de esta manera, tendrán 24 horas para retirar el dinero y desaparecer.
“En una hora y media o dos se hicieron las trasnferencias”,
aseguró la titular de Laser Jet, Viviana Bottino. Los montos robados eran de
30, 40 y hasta 80 mil pesos. “Al ver tantos movimientos en tan poco tiempo, de
montos tan altos, el banco debería haber deducido que algo raro estaba pasando
e informado al cliente”, aseguró Milingo.
Bottino explicó a EG que el robo se hizo a través de
Interbanking (el equivalente al homebanking de las personas físicas), el
servicio que utilizan las empresas para hacer transferencias de dinero.
“Hicimos la denuncia en la Policía, ante el gerente del Patagonia, pero nos
dicen que la culpa es de Interbanking”, afirmó.
Una vez cometido el delito, los hackers mandan a los
titulares de las cuentas (cooptados previamente) a retirar el dinero, que
inmediatamente entregan en lugares públicos, y casi sin mediar palabra, a los
enviados. Luego, abandonan la oficina alquilada y desaparecen con el botín. De esta
manera, el IP (dirección de internet) identificado por los investigadores deja
de existir. Y como alquilan las oficinas por más tiempo del que necesitan,
cuando los dueños van ya no hay nadie.
Según fuentes de la División de Delitos Informáticos de la Policía
Federal, los damnificados suelen llegar a un arreglo con su banco, que le
termina devolviendo el dinero perdido, motivo por el cual “no hacen o levantan
la denuncia”. Como sucedió con otro caso del abogado Miglino, el de la
corredora de cereales Toscano S.A., que sufrió el robo de 87 mil pesos,
ocurrido el 11 de enero. La empresa acordó con la entidad bancaria la
devolución del dinero robado.
Ignorar los controles
La Ley 25.246 de Encubrimiento y Lavado de Activos de Origen
Delictivo, publicada en el Boletín Oficial del 11 de enero de 2000, estableció
una serie de medidas de seguridad dispuestas por la Unidad de Información
Financiera (UIF) que tienen como objetivo evitar acciones de evasión, lavado de
dinero.
La Resolución 33/2011 establece que todas las operaciones
que alcancen la suma de 40 mil pesos –en ese entonces equivalente a 10 mil
dólares– deben ser informadas a la UIF, con los datos de los depositarios y los
depositantes. Pero eso no sucede.
Otra medida que podrían adoptar los bancos es la que
implementa a través de las tarjetas de crédito cuando se comprueba que un
cliente realiza compras “fuera de lo común” y lo llaman para advertirlo. “Los
bancos no informan porque alegan que si ellos frenan una transacción los
clientes pueden ofenderse y mudar su dinero a otra entidad”, sostiene Milingo.
Pero mientras los bancos piensen más en las comisiones que les corresponden que
en la seguridad de los clientes y las leyes sigan siendo ignoradas, la
problemática seguirá incrementando. En medio quedarán los damnificados que,
luego de varios meses de negociaciones y trámites, quizá logren recuperar el
dinero perdido. O, al menos, una parte.
Cómo prevenirse
1-Cambiar la clave una vez por semana.
2-Tener actualizado el antivirus y el fireware.
3-No contestar ni abrir correos electrónicos dudosos (aunque
sean de conocidos).
4-Evitar ingresar desde redes públicas, cibers o
computadoras ajenas.
5-Utilizar los teclados virtuales para evitar tipear y que
quede registrada.
6-Ante cualquier situación extraña, comunicarse con la
entidad bancaria.
7-Realizar los movimientos en horarios diferentes.
Los fraudes
electrónicos más impactantes
Brasil y Suecia han sufrido los fraudes electrónicos más
importantes de la historia. Inglaterra estuvo a un paso de superarlos, pero la
policía local logró desbaratar lo que se hubiera convertido en el mayor fraude
informático de la historia.
En enero de 2007, alrededor de 250 clientes del banco Nordea
se enteraron de que sus cuentas habían sido vaciadas por una banda de hackers,
luego de haber descargado el troyano “haxdoor.ki”, un virus que les sutrajo a
los clientes las claves bancarias y luego les mostraba un mensaje de error
pidiendo que reenviara sus datos. La banda de hackers se alzó con la suma de
880 mil euros ( 1.166.645 dólares).
Paulo de Almeidada alcanzó su fama el 17 de marzo de 2005,
cuando los noticieros anunciaban que el hacker carioca detenido por la policía
de San Pablo lideraba una banda que estafó a cerca de un millón de personas. En
dos años, los hackers robaron más de 50 millones de reales (en ese entonces
unos 20 millones de dólares). La banda reclutaba personas a través de avisos en
diarios e internet, ofreciendo cinco mil reales de remuneración. Las personas
cooptadas enviaban e-mails con propagandas de productos varios, que en realidad
contenían un virus que robaba sus usuarios y contraseñas bancarias.
En el mismo año en que era detenido el brasileño, la policía
británica logró abortar lo que podría haber sido el mayor robo de la historia.
Según habían informado las fuerzas de seguridad, el plan de los ladrones era
robar 220 millones de libras esterlinas (unos 350 millones de dólares) de las
oficinas londinenses del banco japonés Sumitomo Mitsui. El fraude logró ser
frustrado luego de que la unidad Contra el Crimen de Alta Tecnología británica
descubriera las intenciones de los ladrones informáticos.
OPINIÓN
Los delitos en la era
de internet
Escribe Ricadro Sáenz,
fiscal especialista en delitos
informáticos.
La delincuencia informática constituye una amenaza global
para las sociedades modernas. El desarrollo de las nuevas tecnologías de la
información y de las comunicaciones ha contribuido al progreso; sin embargo, a
la par, han surgido formas novedosas de criminalidad que demandan una respuesta
eficaz.
En este desarrollo han aparecido nuevos delitos, impensados
hasta hace unas décadas, y por añadidura, una nueva impunidad, generada muchas
veces por la falta de denuncia de estos ilícitos.
Frente a este panorama, debemos destacar que en los últimos
años los países han seguido claramente tres ejes en el combate de esta nueva
delincuencia.
En primer lugar, la reforma legislativa. La necesidad de
nuevas normas se hizo evidente ante el avance del ciberdelito y la falta de
previsión legislativa de estas novedosas formas delictivas.
En segundo término, la búsqueda de ámbitos internacionales
de cooperación en la investigación de estos delitos. El carácter transnacional
que por definición revisten estas figuras, y su condición de crimen organizado
internacional, como ocurre con grupos organizados de pedófilos, tornan
imprescindible el establecimiento de mecanismos de cooperación tanto policial como
judicial.
El tercer lugar es para una cuestión fundamental: la
capacitación de todos los operadores del sistema penal (policías, fiscales y
jueces). Los Estados deben comprometerse en este sentido a posibilitar la más
adecuada capacitación de sus fuerzas de la ley, para ponerla a la altura del
compromiso que deben afrontar en esta nueva batalla contra el delito.
Nota publicada en la revista El Guardián.


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