jueves, 12 de abril de 2012

El día después de la gran tempestad

El drama por las tormentas que causaron 17 muertes y afectaron a más de 30 mil familias en el conurbano y en Capital. Cómo se reconstruyen los barrios devastados. ¿El temporal se pudo haber prevenido? Opinan los meteorólogos.



Mientras los especialistas discuten y tratan de descubrir qué fenómeno climatológico azotó al conurbano bonaerense y al sur de la Ciudad de Buenos Aires, para Darío Anacleto (32 años) no queda ninguna duda: “Estaba en la esquina de Brandsen y Carabobo –en Ituzaingó– con un amigo, cuando notamos que la tormenta estaba muy baja. Hacía unos minutos que se había cortado la luz. Y cuando levanté la vista vi con mis propios ojos cómo se empezaba a formar un embudo que bajaba desde el cielo. Nos metimos en el auto a las corridas y cerramos todas las ventanillas. Unos segundos después vino el caos. Las chapas del tinglado de una metalúrgica comenzaron a volar como hojas de papel. Jamás pensé que en mi vida iba a ver algo tan terrible. Jamás podré sacarme esa imagen de la cabeza. Yo vi un tornado.”

El miércoles 4 parecía que sería un día más. Mientras el Servicio Meteorológico Nacional anunciaba un alerta de fuertes tormentas, el país se movía como de costumbre. Nada indicaba que en pocas horas podía ocurrir lo que ocurrió. Eran pasadas las 19 cuando lo que era una lluvia fuerte se convirtió en una tormenta de grandes magnitudes. Vientos de entre 120 y 150 kilómetros por hora arrasaron con miles de árboles y tinglados, causaron destrozos en casas, marquesinas y cableados eléctricos. EG recorrió las zonas más afectadas y, sin exagerar, las imágenes recogidas son semejantes a las escenas de la película Twister.

El fenómeno no sólo dejó más de 30 mil damnificados, cortes de luz y casas y árboles destruidos, sino que también abrió la discusión sobre si lo que azotó fueron pequeños tornados o sólo vientos huracanados. Mientras algunos testimonios aseguran haber visto cómo se formaba un tornado, los especialistas prefieren esperar los resultados de los estudios que están realizando antes de dar una conclusión. El informe estará listo a fines de abril.

“No podemos asegurar con exactitud qué fue lo que sucedió. Estamos haciendo los estudios necesarios y no bien estén los resultados vamos a expedirnos”, aseguraron a EG desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Los meteorólogos porteños y de la Nación habían dado los alertas correspondientes de tormentas fuertes, pero ninguno previó lo que iba a ocurrir. Ellos mismos reconocen que es muy difícil saber con exactitud el momento y la magnitud con la que va a atacar la naturaleza.

La especialista en tornados, María Luisa Altinger, trabaja con su equipo en las zonas afectadas para determinar qué pasó. Dijo que por el momento no puede afirmar ni negar que se haya tratado de un tornado. Altinger explicó a EG que en el país no existe la tecnología necesaria como para trabajar sobre la prevención de tornados y agregó que “aunque existiera el equipo idóneo, sería imposible pronosticarlo con certeza”. Además explicó que son muchos los factores que pueden desatar tormentas de grandes magnitudes, y que cuando un cálculo no se da, el alerta pasa a convertirse en un falso anuncio. “Igual, es preferible que se den alertas erróneos a que no se den”, afirmó.

Para las más de 30 mil familias damnificadas por el temporal, si se trató o no de un tornado es lo menos importante. Lo que desean es recuperar lo que han perdido. “Las consecuencias son desastrosas, estamos trabajando las 24 horas, pero la situación es caótica”, aseguró el intendente de Morón, Lucas Ghi.

A una semana de la tormenta, circular por las calles de las zonas más afectadas sigue siendo como avanzar en una selva. Las copas de árboles de más de 30 años de antigüedad siguen posadas sobre los cableados eléctricos o sobre los techos de las casas. Algunas zonas afectadas siguen sin tener agua potable, ya que el servicio eléctrico no fue restituido. Para los vecinos todo el esfuerzo que hagan los municipios sigue siendo poco. Para peor, los especuladores de la tragedia intentan comercializar con la desgracia ajena, como empleados de Edenor que piden “propinas” para restituir la luz, según denunciaron vecinos de Ituzaingó, o grupos de personas que cobran hasta 2.000 pesos para cortar un árbol.

Juan (54) vive con su madre en la calle Quesada 1251, en Ituzaingó, y vio cómo desaparecía el pino de su parque. “Las chapas del techo se sacudían. Mi madre estaba muy asustada. Me asomé por la ventana y el pino había desaparecido. Cuando salí, vi que el viento lo arrancó de raíz y lo tiró contra los cables de alta tensión”, contó a EG. Al joven que jura haber visto el tornado le cayó un roble de 40 metros sobre el techo de su casa, destruyéndola por completo. Historias similares se repiten en Merlo, Quilmes, Ituzaingó, Morón, Quilmes, Lanús y el sur de la Ciudad, entre otros.

En el centro de monitoreo de Defensa Civil de Morón, el diputado nacional Martín Sabbatella reconoció que uno de los grandes problemas que deben afrontar es la falta de preparación que existe para este tipo de fenómenos. “Es muy difícil atender la necesidad de todos, por eso trabajamos según las prioridades”, aseguró.

Los profesionales reconocen que la Argentina deberá empezar a trabajar en el tema. “Estados Unidos tiene tecnología de última generación y sólo pueden advertir un posible tornado con una hora de anticipación, y activar las alarmas sólo 15 minutos antes”, explicó la doctora Paola Salio, investigadora del Conicet y profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA. Y agregó que es necesario comenzar a instruir a los servicios de emergencia, ya que “en la Argentina se dan fenómenos de igual magnitud que en Estados Unidos, aunque con menor frecuencia”. En 2013, con la instalación de dos nuevos radares, el Conicet espera poder prever con más exactitud fenómenos meteorológicos de gran magnitud.



Las consecuencias

-El temporal causó 17 muertes.
-2.550.000 usuarios estuvieron sin suministro eléctrico durante los primeros minutos de la tormenta.
-500 kilómetros de cableado eléctrico quedaron inutilizados.
-50 transformadores de luz volaron por el aire.
-Las zonas más afectadas fueron Moreno, Merlo, Ituzaingó, Morón, Quilmes, Lanús y la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
-Entre 25 y 30 mil viviendas se vieron afectadas.
-Hubo más de 5 mil árboles caídos.
-32 mil familias tuvieron que ser asistidas por el Estado.



Alerta privado

“Nuestros meteorólogos advirtieron sobre la tormenta el martes y el mismo miércoles 4 a las 15.30 horas”, advirtió en conferencia de prensa el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño Diego Santilli (foto). Frente a estas declaraciones, cualquiera diría que la Ciudad de Buenos Aires cuenta con un sistema meteorológico propio superior al de la Nación, pero esto no es así. El servicio porteño no cuenta con satélites propios ni con tecnología de última generación, sino que está conformado por dos meteorólogos que realizan proyecciones iguales a las que realiza el Servicio Meteorológico Nacional. En consecuencia, hacer alarde de haber dado un alerta el día anterior, luego de ver las consecuencias que sufrieron los habitantes del sur porteño tras el paso de la tormenta, no es ningún mérito. Sobre todo cuando se acostumbraron a dar “alerta meteorológico” ante la aparición de cualquier nube oscura.



OPINIÓN

El cambio climático y los eventos extremos
Escribe Osvaldo Canziani, académico de la Asociación Argentina de Ciencias del Ambiente y miembro de la Asociación Argentina de Médicos del Medio Ambiente.


La Organización Meteorológica Mundial dispone de registros de eventos extremos desde hace dos siglos. Muchos de estos fenómenos han sido destructivos. Pero, a partir de 1970 se registra una intensificación de sus impactos. Resulta del calentamiento terrestre debido al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Evidentemente, el impacto de cualquier evento depende de la vulnerabilidad del receptor. Por eso el Panel Intergubernamnetal sobre Cambio Climático no sólo destaca el incremento en la intensidad, sino que enfatiza que los grupos sociales más pobres y desamparados sufren gravemente las consecuencias de estos fenómenos. La comunidad científica internacional aboga por acciones orientadas a reducir los efectos adversos de tormentas intensas. Una medida inmediata involucra la operación con equipos apropiados de sistemas de observación y monitoreo ambiental. Es un requerimiento mundial como lo destacó la reciente Conferencia Mundial sobre el Estado del Planeta. La razón de su estado de indefensión es que los países en desarrollo carecen de tales medios. La continuación y exacerbación de estos eventos y la falta de decisión política por modernizar y completar las redes y sistemas de observación, en superficie y en el espacio, y establecer sistemas de monitoreo y vigilancia hidrometeorológicas, con avisos y alertas tempranas apropiadas, harán que se sumen pérdidas de bienes y vidas, con tasas crecientes.


Nota publicada e la revista El Guardián.

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