jueves, 19 de abril de 2012

Farándula adicta a la carta documento

“Te voy a demandar.” Esa es la frase más repetida entre muchos famosos que arreglan sus asuntos en Tribunales. El 90% de las causas muere en el olvido.



En las escuelas de actuación mucha es la teoría y la práctica que se enseña. Los jóvenes que allí ingresan en busca de fama recorren métodos como el de Stanislavski, Grotowski, Cassavetes o Strasberg, entre otros, y aprenden expresión corporal y otras tantas cosas más. En las agencias de modelos aprenden a desfilar y a hacerlo de manera sensual. Aunque la premisa principal de la fama no se aprende en los centros de estudio, pero sí en el día a día de trabajo, la misma premisa que tiene cansados a los magistrados: las demandas entre famosos.

Las acusaciones cruzadas y dimes y diretes que suelen escucharse frente a las cámaras de televisión se han convertido en un clásico entre los personajes del espectáculo. Un clásico que siempre termina en una declaración del supuesto afectado contra el agresor: “Le voy a iniciar una demanda por injurias”. Esta decisión es la que tiene cansados a los jueces por el simple motivo de que en el 90% de los casos no llegan a nada.

“Lo qué más molesta en los juzgados es la sobreactuación que hacen los famosos de estos juicios que no sólo no tienen sentido, sino que nunca llegan a nada”, explicó el abogado y diputado provincial de Udeso, Mauricio Dalessandro. Sucede que este tipo de litigios no pasan de intimaciones, cartas documento y mediaciones, concluyendo en que todo no pasó de meras amenazas y acusaciones mediáticas. Tanto que ni siquiera puede imponerse judicialmente el tan nombrado “bozal legal”, ya que, según explicó el letrado, imponerse una sanción de ese tipo viola el derecho a la libertad de expresión.

Mientras en los pasillos de los juzgados algunos corren para pedirles un autógrafo a los famosos citados, los abogados y los jueces piden que los famosos la terminen con estas denuncias que no tienen otro fin más que convertir a la Justicia en un accesorio de los escándalos de la farándula. Por su parte, los juicios no prosperan por dos motivos. “Los litigios terminan perdiéndose en la nebulosa porque en la Ciudad de Buenos Aires hay 53.500 abogados y ninguno jamás logró cobrarle a un famoso, y porque una actuación demora entre cinco y seis años en resolverse y ningún famoso está dispuesto, ni cuenta con el tiempo, como para vivir metido dentro de un juzgado”, explicó Dalessandro.

La ley sancionada en 2009 derogó las penas de prisión para las calumnias e injurias del Código Penal. De esta manera, lo que se dirimía en el fuero penal pasó a ser exclusivo del fuero civil. Y aunque las penas monetarias se mantienen, son pocos los famosos dispuestos a soportar los tiempos de la Justicia. Los abogados consultados por EG, que alguna vez representaron a famosos, aseguran que el único beneficio que ellos obtienen es la exposición mediática y que “como la fama dura poco, los mediáticos se van en amenazas y aprietes legales que no salen de los programa de televisión”.

En 2005, Gerardo Sofovich vio cómo su  propia billetera sufría el escándalo que armó la marquesina de su obra Un soltero con dos viudas. Fue en el programa Intrusos en el espectáculo, conducido por Jorge Rial, donde la actriz Stella Maris Lanzani trató de tener “aires de divismo” a Iliana Calabró, quien, tras una fuerte discusión, rompió en llanto y abandonó el estudio. Como Sofovich la desafectó del elenco, Lanzani le inició juicio y se lo ganó.

Casi todos los famosos han amenazado o iniciado juicios a sus colegas por haber dicho tal o cual cosa, pero pocos son los que llegaron a la instancia de la sentencia. Por otra parte, los jueces ruegan que esas amenazas no se amontonen en sus escritorios. Y mientras los jóvenes que buscan alcanzar la fama comprenden que amenazar o iniciar juicios a otro famoso es casi una obligación para formar parte del espectáculo en el que se convirtió la televisión argentina, Stanislavski, Grotowski, Cassavetes y Strasberg y otros tantos íconos de la actuación ven cómo sus esfuerzos suelen ser tirados por la borda.


Nota publicada en la revista El Guardián.


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