En las escuelas de actuación mucha es la teoría y la
práctica que se enseña. Los jóvenes que allí ingresan en busca de fama recorren
métodos como el de Stanislavski, Grotowski, Cassavetes o Strasberg, entre
otros, y aprenden expresión corporal y otras tantas cosas más. En las agencias
de modelos aprenden a desfilar y a hacerlo de manera sensual. Aunque la premisa
principal de la fama no se aprende en los centros de estudio, pero sí en el día
a día de trabajo, la misma premisa que tiene cansados a los magistrados: las
demandas entre famosos.
Las acusaciones cruzadas y dimes y diretes que suelen
escucharse frente a las cámaras de televisión se han convertido en un clásico
entre los personajes del espectáculo. Un clásico que siempre termina en una
declaración del supuesto afectado contra el agresor: “Le voy a iniciar una
demanda por injurias”. Esta decisión es la que tiene cansados a los jueces por
el simple motivo de que en el 90% de los casos no llegan a nada.
“Lo qué más molesta en los juzgados es la sobreactuación que
hacen los famosos de estos juicios que no sólo no tienen sentido, sino que nunca
llegan a nada”, explicó el abogado y diputado provincial de Udeso, Mauricio
Dalessandro. Sucede que este tipo de litigios no pasan de intimaciones, cartas
documento y mediaciones, concluyendo en que todo no pasó de meras amenazas y
acusaciones mediáticas. Tanto que ni siquiera puede imponerse judicialmente el
tan nombrado “bozal legal”, ya que, según explicó el letrado, imponerse una
sanción de ese tipo viola el derecho a la libertad de expresión.
Mientras en los pasillos de los juzgados algunos corren para
pedirles un autógrafo a los famosos citados, los abogados y los jueces piden
que los famosos la terminen con estas denuncias que no tienen otro fin más que
convertir a la Justicia en un accesorio de los escándalos de la farándula. Por
su parte, los juicios no prosperan por dos motivos. “Los litigios terminan
perdiéndose en la nebulosa porque en la Ciudad de Buenos Aires hay 53.500
abogados y ninguno jamás logró cobrarle a un famoso, y porque una actuación
demora entre cinco y seis años en resolverse y ningún famoso está dispuesto, ni
cuenta con el tiempo, como para vivir metido dentro de un juzgado”, explicó
Dalessandro.
La ley sancionada en 2009 derogó las penas de prisión para
las calumnias e injurias del Código Penal. De esta manera, lo que se dirimía en
el fuero penal pasó a ser exclusivo del fuero civil. Y aunque las penas
monetarias se mantienen, son pocos los famosos dispuestos a soportar los
tiempos de la Justicia. Los abogados consultados por EG, que alguna vez
representaron a famosos, aseguran que el único beneficio que ellos obtienen es
la exposición mediática y que “como la fama dura poco, los mediáticos se van en
amenazas y aprietes legales que no salen de los programa de televisión”.
En 2005, Gerardo Sofovich vio cómo su propia billetera sufría el escándalo que armó
la marquesina de su obra Un soltero con dos viudas. Fue en el programa Intrusos
en el espectáculo, conducido por Jorge Rial, donde la actriz Stella Maris
Lanzani trató de tener “aires de divismo” a Iliana Calabró, quien, tras una
fuerte discusión, rompió en llanto y abandonó el estudio. Como Sofovich la
desafectó del elenco, Lanzani le inició juicio y se lo ganó.
Casi todos los famosos han amenazado o iniciado juicios a
sus colegas por haber dicho tal o cual cosa, pero pocos son los que llegaron a
la instancia de la sentencia. Por otra parte, los jueces ruegan que esas
amenazas no se amontonen en sus escritorios. Y mientras los jóvenes que buscan
alcanzar la fama comprenden que amenazar o iniciar juicios a otro famoso es
casi una obligación para formar parte del espectáculo en el que se convirtió la
televisión argentina, Stanislavski, Grotowski, Cassavetes y Strasberg y otros
tantos íconos de la actuación ven cómo sus esfuerzos suelen ser tirados por la
borda.
Nota publicada en la revista El Guardián.

No hay comentarios:
Publicar un comentario