No siempre sindicalismo es igual a
negociados o mafia. Pero con José Pedraza y Juan José Zanola detenidos en
Ezeiza, con el Momo Venegas en libertad tras pagar una fianza de 500 mil pesos
y con otros dirigentes sospechados de haberse enriquecido mientras aseguraban
defender a sus compañeros trabajadores, encontrar a un gremialista que vuelva a
trabajar al llano, como cualquier hijo de vecino, no es cosa de todos los días.
Es el caso de Víctor Mario “Samba”
D’Aprile. Un metro noventa y casi 120 kilos de imponente presencia, hasta
diciembre fue secretario de Acción Social de la Unión Tranviaria Automotor (UTA)
y todavía integra la conducción de las 62 Organizaciones Peronistas, liderada
por Venegas.
Suena extraño que alguien que
ocupa esos cargos como gremialista y que fue la mano derecha de uno de los
hombres fuertes del sindicalismo argentino, Saúl Ubaldini, haya vuelto a
manejar micros de larga distancia. “El 3 de enero me llamaron de la empresa
para arreglar. Me hicieron una propuesta y les dije que me dieran rápido un par
de camisas porque yo volvía a manejar”, dice el Samba, como lo apodaron cuando
era joven.
“Cumplí
con los requerimientos, como cualquier empleado. Me hice los exámenes y el
curso de manejo, porque lo último que había manejado eran aquellos carros
viejos, muy distintos a los de ahora”, aclara. Y explica, irónico, que “algunos
compañeros me reclamaron que estaba sentando un mal precedente”.
Hijo de una familia de clase media
baja del Abasto, comenzó su carrera gremial al poco tiempo de ingresar a
trabajar en la línea 34, a principio de los 70. D’Aprile reniega de quienes
comenzaron en el sindicalismo con él y se enriquecieron. “Pedraza era
secretario administrativo y nos cruzábamos cada vez que íbamos a la CGT. En ese
entonces teníamos el mismo cargo, cada uno en su gremio”, recuerda.
“Era hora de que se terminara con
la impunidad y para que el sindicalismo vuelva a ser lo que debe ser: la
defensa de los trabajadores. Tengo una familia hermosa, una esposa que me
banca, amigos a los que puedo mirar a la cara, una casa cómoda, la murga y
ahora volví a hacer lo que me gusta: manejar. Esa es mi fortuna. No necesito un
piso en Puerto Madero, ni avión, ni autos importados. Con lo que tengo me
alcanza y sobra”, afirma sin necesidad de aclarar a quienes se refiere.
Luego de pasar por dos líneas de
colectivo, D’Aprile entró en Chevallier en 1977. “Dos años después formé la
primera comisión de reclamo”, dice. “En el 84, conocí a Saúl Ubaldini y con el
tiempo nos hicimos compinches, casi vivíamos en la CGT y los domingos comíamos
en familia. Íbamos a todos lados juntos. Cuando murió, perdí a un padre, un
amigo, un hermano”, recuerda.
Además de los cargos
gremiales, D’Aprile integró el MTA, el sector de la CGT que, liderado por
colectiveros y camioneros, en los 90 organizaba marchas contra el ex presidente
Carlos Menem. D’Aprile jura: “Me hice sindicalista para defender a los
trabajadores y no para ser millonario. Cuando morís, Al de Arriba no le importa
cuánta guita tenés, sino cómo la hiciste”.
Nota publicada en la revista El Guardián.

grande samba como extraño tus chistes y bueno el narigon es el dueño del gremio pero nunca va ser secretario general se penso que si se metia la camisa adentro ya estaba.un abrazo el turco jaidar de tarsa.
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