jueves, 18 de agosto de 2011

De chiquilín te miraba de afuera


La mítica confitería de Florida y Lavalle, que en sus épocas de oro era frecuentada por Marechal y Borges, quedó a un paso de cerrar sus puertas. La polémica maniobra de sus dueños y la estrategia gremial de sus empleados.



La noche del martes 16, la confitería Richmond, en la que históricamente desde su apertura en el microcentro porteño se había convertido en el centro de reunión, reflexión y debate del emblemático grupo literario conocido como Florida, se convirtió en una parrilla gremial. Los representantes del sindicato que nuclea a los trabajadores gastronómicos hicieron un asado para los 14 mozos y cocineros que ese día tomaron el establecimiento en reclamo de su fuente laboral. La Richmond había cerrado sus puertas, quizá para siempre.

La imagen de la desazón y el vaciamiento marcan el paisaje desolador que presenta hoy la confitería nacida en 1917 y que forma parte de los Bares Notables porteños, situada en Florida 468. Nada quedó del mobiliario que acobijó a personajes de la talla de Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes, Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal y Eduardo González Lanuza, entre otros distinguidos personajes. En sus 1.500 metros cuadrados sólo queda la barra y, en el subsuelo, algunas mesas de ajedrez. Los muebles de estilo inglés, las sillas y sillones Chesterfield desaparecieron: la Ley 2.548 sólo protegía su fachada.

Una semana antes de que estallara el conflicto, la Legislatura porteña había declarado “sitio histórico” a La Richmond. La ley, aprobada por mayoría parlamentaria, protege las características históricas, arquitectónicas, artísticas y urbanísticas de la confitería. Pero los administradores aprovecharon que la ley no estaba promulgada y en menos de 24 horas vaciaron el inmueble y concretaron la supuesta venta de las acciones a una empresa que planeaba obtener una franquicia de la marca deportiva Nike. La avivada les costó caro.

La llamativa e inmediata operación comercial llevó a la diputada porteña del Frente para la Victoria, Gabriela Alegre, a realizar un pedido de informe, ya que la supuesta empresa compradora “no adquiere inmuebles, los alquila o le vende franquicias a empresarios”.

El hermetismo que hay sobre la venta preocupa a políticos y empleados. Aunque a los representantes del gremio liderado por Luis Barrionuevo, que acompañan a los trabajadores, pareciera que su única preocupación es el valor del inmueble. “Es un local que debe rondar los 20 millones de dólares”, se los escucha repetir. ¿Qué intención se esconde detrás de esa inquietud? Es un interrogante. Hace un tiempo que la empresa venía implementando una marcada reducción de personal, y actualmente tenía en planta sólo 10 empleados. Nadie sabe con certeza quién está detrás del millonario negocio inmobiliario, pero Nike anunció que dará un paso atrás con la franquicia. La Richmond se suma a la larga lista de Bares Notables que, a pesar de estar protegidos por ley, quedan a la deriva. Al cierre de esta edición, los trabajadores esperaban que el Ministerio de Trabajo resolviera la situación. Uno de los mozos lloró sin consuelo. Sus lágrimas eran de desesperación por la pérdida del trabajo, pero también de nostalgia.


Otros notables

  1.  El Molino: su historia comenzó en 1848, a 100 metros de su última ubicación, (Callao y Rivadavia). Y cerró sus puertas en enero de 1997 “por vacaciones”, y nunca más volvió a abrir. Varios proyectos fueron presentados en la Legislatura para recuperarla. El último, del ibarrista Eduardo Epszteyn, plantea la expropiación de todo el inmueble. Por el momento, todo sigue igual.
  2. Angelitos: fue inaugurado en 1890 bajo el nombre Bar Rivadavia. Las personalidades más importantes del tango, como Carlos Gardel y Osvaldo Pugliese, eran habitués del lugar. Tras cerrar sus puertas durante 15 años, el 19 de junio de 2007 volvió a cobijar a los porteños en Balvanera.
  3.  Británico: en ese templo de San Telmo, frente a Parque Lezama, en Defensa y Brasil, el escritor Ernesto Sabato escribió algunas páginas de su libro Sobre Héroes y Tumbas. Estuvo a punto de cerrarse, pero en 2007 Agustín Souza adquirió y reabrió el bar, manteniendo la mística que siempre lo caracterizó.



Nota publicada en la revista El Guardián.


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