La mítica confitería de Florida y Lavalle, que en sus épocas de oro era frecuentada por Marechal y Borges, quedó a un paso de cerrar sus puertas. La polémica maniobra de sus dueños y la estrategia gremial de sus empleados.
La noche del martes 16, la confitería Richmond, en la que
históricamente desde su apertura en el microcentro porteño se había convertido
en el centro de reunión, reflexión y debate del emblemático grupo literario
conocido como Florida, se convirtió en una parrilla gremial. Los representantes
del sindicato que nuclea a los trabajadores gastronómicos hicieron un asado
para los 14 mozos y cocineros que ese día tomaron el establecimiento en reclamo
de su fuente laboral. La Richmond había cerrado sus puertas, quizá para
siempre.
La imagen de la desazón y el vaciamiento marcan el paisaje
desolador que presenta hoy la confitería nacida en 1917 y que forma parte de
los Bares Notables porteños, situada en Florida 468. Nada quedó del mobiliario
que acobijó a personajes de la talla de Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo,
Ricardo Güiraldes, Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal y Eduardo González
Lanuza, entre otros distinguidos personajes. En sus 1.500 metros cuadrados sólo
queda la barra y, en el subsuelo, algunas mesas de ajedrez. Los muebles de
estilo inglés, las sillas y sillones Chesterfield desaparecieron: la Ley 2.548
sólo protegía su fachada.
Una semana antes de que estallara el conflicto, la
Legislatura porteña había declarado “sitio histórico” a La Richmond. La ley,
aprobada por mayoría parlamentaria, protege las características históricas,
arquitectónicas, artísticas y urbanísticas de la confitería. Pero los
administradores aprovecharon que la ley no estaba promulgada y en menos de 24
horas vaciaron el inmueble y concretaron la supuesta venta de las acciones a
una empresa que planeaba obtener una franquicia de la marca deportiva Nike. La
avivada les costó caro.
La llamativa e inmediata operación comercial llevó a la
diputada porteña del Frente para la Victoria, Gabriela Alegre, a realizar un
pedido de informe, ya que la supuesta empresa compradora “no adquiere
inmuebles, los alquila o le vende franquicias a empresarios”.
El hermetismo que hay sobre la venta preocupa a políticos y
empleados. Aunque a los representantes del gremio liderado por Luis
Barrionuevo, que acompañan a los trabajadores, pareciera que su única
preocupación es el valor del inmueble. “Es un local que debe rondar los 20
millones de dólares”, se los escucha repetir. ¿Qué intención se esconde detrás
de esa inquietud? Es un interrogante. Hace un tiempo que la empresa venía
implementando una marcada reducción de personal, y actualmente tenía en planta
sólo 10 empleados. Nadie sabe con certeza quién está detrás del millonario
negocio inmobiliario, pero Nike anunció que dará un paso atrás con la
franquicia. La Richmond se suma a la larga lista de Bares Notables que, a pesar
de estar protegidos por ley, quedan a la deriva. Al cierre de esta edición, los
trabajadores esperaban que el Ministerio de Trabajo resolviera la situación.
Uno de los mozos lloró sin consuelo. Sus lágrimas eran de desesperación por la
pérdida del trabajo, pero también de nostalgia.
Otros notables
- El Molino: su historia comenzó en 1848, a 100 metros de su última ubicación, (Callao y Rivadavia). Y cerró sus puertas en enero de 1997 “por vacaciones”, y nunca más volvió a abrir. Varios proyectos fueron presentados en la Legislatura para recuperarla. El último, del ibarrista Eduardo Epszteyn, plantea la expropiación de todo el inmueble. Por el momento, todo sigue igual.
- Angelitos: fue inaugurado en 1890 bajo el nombre Bar Rivadavia. Las personalidades más importantes del tango, como Carlos Gardel y Osvaldo Pugliese, eran habitués del lugar. Tras cerrar sus puertas durante 15 años, el 19 de junio de 2007 volvió a cobijar a los porteños en Balvanera.
- Británico: en ese templo de San Telmo, frente a Parque Lezama, en Defensa y Brasil, el escritor Ernesto Sabato escribió algunas páginas de su libro Sobre Héroes y Tumbas. Estuvo a punto de cerrarse, pero en 2007 Agustín Souza adquirió y reabrió el bar, manteniendo la mística que siempre lo caracterizó.
Nota publicada en la revista El Guardián.

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