sábado, 26 de mayo de 2012

Tibet en llamas


El muchacho de la foto es Jampa Yeshi, de 27 años. Se incendió el 26 de marzo 2012, en el Jantar Mantar (antiguo observatorio astronómico de Nueva Delhi). Estaba exiliado desde 2006, estudió en el Sherab Gatseling school  durante 3 años. Los últimos 2 años vivía en Manjnuka Tilla.



El Tibet es el centro principal de las protestas contra el Gobierno chino. Allí, los manifestantes se agolpan en las calles. De golpe, la multitud se esparce desesperada para darle lugar a Jampa Yeshi (27), un muchacho que corre por la desesperación de sentir como el fuego carcome su carne, y su vida. Minutos más tarde, ese hombre, uno más en el mundo, agoniza en un hospital. Ahora, tiene el 95% de su cuerpo carbonizado. La locura lo llevó a utilizar una de las peores formas de reclamo: incinerarse vivo.

“Docenas de tibetanos se han prendido fuego en el último año (…), en ocasiones bebiendo queroseno para hacer que las llamas también surjan de dentro (…), en lo que está siendo una de las mayores oleadas de inmolación política en la historia reciente”, relató en un despacho de la agencia norteamericana AP, Gillian Wong, reproducido en febrero por el periódico online The Huffington Post.

Para los tibetanos, la ocupación de China de su país, sumada a la demanda de independencia y autonomía, conforman una opresión sobre sus pobladores que terminan desembocando en una incomprensible forma de protesta. Una práctica completamente rechazada por las raíces judeocristianas. Sin embargo, para el budismo y el hinduismo se trata de “causas circunstanciales”, motivo por el cual son más tolerantes ante quienes toman estas extremas decisiones. Fue el propio Dalai Lama (líder respetado entre la población), quien aseguró comprender esa “forma de rebelión”.

En lo que va de 2012, esta forma de protesta ha crecido y las organizaciones no encuentran la manera de controlar esta manera de reclamar, la misma que era utilizada a principio de 1960, tiempos en los que los monjes budistas se prendían fuego ante las cámaras para manifestar su rechazo del tiránico Gobierno de Vietnam del Sur y sus protectores estadounidenses.

Esta modalidad no parece importarle al Gobierno Chino, quienes continúan en su rígida postura de no abandonar tierras tibetanas, sin importarles ver cómo las imágenes de seres humanos, corriendo con llamas que nacen hasta desde sus intestinos, agonizan, ante millones de televidentes, mientras sus gritos comienzan a perderse, hasta que dejan de respirar, y el ambiente se envuelve de olor a carne quemada.


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