El drama por las tormentas que causaron 17 muertes y afectaron a más de 30 mil familias en el conurbano y en Capital. Cómo se reconstruyen los barrios devastados. ¿El temporal se pudo haber prevenido? Opinan los meteorólogos.

Mientras los especialistas discuten y tratan de descubrir
qué fenómeno climatológico azotó al conurbano bonaerense y al sur de la Ciudad
de Buenos Aires, para Darío Anacleto (32 años) no queda ninguna duda: “Estaba
en la esquina de Brandsen y Carabobo –en Ituzaingó– con un amigo, cuando
notamos que la tormenta estaba muy baja. Hacía unos minutos que se había
cortado la luz. Y cuando levanté la vista vi con mis propios ojos cómo se
empezaba a formar un embudo que bajaba desde el cielo. Nos metimos en el auto a
las corridas y cerramos todas las ventanillas. Unos segundos después vino el
caos. Las chapas del tinglado de una metalúrgica comenzaron a volar como hojas
de papel. Jamás pensé que en mi vida iba a ver algo tan terrible. Jamás podré
sacarme esa imagen de la cabeza. Yo vi un tornado.”
El miércoles 4 parecía que sería un día más. Mientras el
Servicio Meteorológico Nacional anunciaba un alerta de fuertes tormentas, el
país se movía como de costumbre. Nada indicaba que en pocas horas podía ocurrir
lo que ocurrió. Eran pasadas las 19 cuando lo que era una lluvia fuerte se convirtió
en una tormenta de grandes magnitudes. Vientos de entre 120 y 150 kilómetros
por hora arrasaron con miles de árboles y tinglados, causaron destrozos en
casas, marquesinas y cableados eléctricos. EG recorrió las zonas más afectadas
y, sin exagerar, las imágenes recogidas son semejantes a las escenas de la
película Twister.
El fenómeno no sólo dejó más de 30 mil damnificados, cortes
de luz y casas y árboles destruidos, sino que también abrió la discusión sobre
si lo que azotó fueron pequeños tornados o sólo vientos huracanados. Mientras
algunos testimonios aseguran haber visto cómo se formaba un tornado, los
especialistas prefieren esperar los resultados de los estudios que están
realizando antes de dar una conclusión. El informe estará listo a fines de abril.
“No podemos asegurar con exactitud qué fue lo que sucedió.
Estamos haciendo los estudios necesarios y no bien estén los resultados vamos a
expedirnos”, aseguraron a EG desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Los meteorólogos porteños y de la Nación habían dado los alertas
correspondientes de tormentas fuertes, pero ninguno previó lo que iba a
ocurrir. Ellos mismos reconocen que es muy difícil saber con exactitud el
momento y la magnitud con la que va a atacar la naturaleza.
La especialista en tornados, María Luisa Altinger, trabaja
con su equipo en las zonas afectadas para determinar qué pasó. Dijo que por el
momento no puede afirmar ni negar que se haya tratado de un tornado. Altinger
explicó a EG que en el país no existe la tecnología necesaria como para
trabajar sobre la prevención de tornados y agregó que “aunque existiera el
equipo idóneo, sería imposible pronosticarlo con certeza”. Además explicó que
son muchos los factores que pueden desatar tormentas de grandes magnitudes, y
que cuando un cálculo no se da, el alerta pasa a convertirse en un falso
anuncio. “Igual, es preferible que se den alertas erróneos a que no se den”,
afirmó.
Para las más de 30 mil familias damnificadas por el
temporal, si se trató o no de un tornado es lo menos importante. Lo que desean
es recuperar lo que han perdido. “Las consecuencias son desastrosas, estamos
trabajando las 24 horas, pero la situación es caótica”, aseguró el intendente
de Morón, Lucas Ghi.
A una semana de la tormenta, circular por las calles de las
zonas más afectadas sigue siendo como avanzar en una selva. Las copas de
árboles de más de 30 años de antigüedad siguen posadas sobre los cableados
eléctricos o sobre los techos de las casas. Algunas zonas afectadas siguen sin
tener agua potable, ya que el servicio eléctrico no fue restituido. Para los
vecinos todo el esfuerzo que hagan los municipios sigue siendo poco. Para peor,
los especuladores de la tragedia intentan comercializar con la desgracia ajena,
como empleados de Edenor que piden “propinas” para restituir la luz, según
denunciaron vecinos de Ituzaingó, o grupos de personas que cobran hasta 2.000
pesos para cortar un árbol.
Juan (54) vive con su madre en la calle Quesada 1251, en
Ituzaingó, y vio cómo desaparecía el pino de su parque. “Las chapas del techo
se sacudían. Mi madre estaba muy asustada. Me asomé por la ventana y el pino
había desaparecido. Cuando salí, vi que el viento lo arrancó de raíz y lo tiró
contra los cables de alta tensión”, contó a EG. Al joven que jura haber visto
el tornado le cayó un roble de 40 metros sobre el techo de su casa,
destruyéndola por completo. Historias similares se repiten en Merlo, Quilmes,
Ituzaingó, Morón, Quilmes, Lanús y el sur de la Ciudad, entre otros.
En el centro de monitoreo de Defensa Civil de Morón, el
diputado nacional Martín Sabbatella reconoció que uno de los grandes problemas
que deben afrontar es la falta de preparación que existe para este tipo de
fenómenos. “Es muy difícil atender la necesidad de todos, por eso trabajamos
según las prioridades”, aseguró.
Los profesionales reconocen que la Argentina deberá empezar
a trabajar en el tema. “Estados Unidos tiene tecnología de última generación y
sólo pueden advertir un posible tornado con una hora de anticipación, y activar
las alarmas sólo 15 minutos antes”, explicó la doctora Paola Salio,
investigadora del Conicet y profesora del Departamento de Ciencias de la
Atmósfera y los Océanos de la UBA. Y agregó que es necesario comenzar a
instruir a los servicios de emergencia, ya que “en la Argentina se dan
fenómenos de igual magnitud que en Estados Unidos, aunque con menor
frecuencia”. En 2013, con la instalación de dos nuevos radares, el Conicet
espera poder prever con más exactitud fenómenos meteorológicos de gran
magnitud.
Las consecuencias
-El temporal causó 17 muertes.
-2.550.000 usuarios estuvieron sin suministro eléctrico
durante los primeros minutos de la tormenta.
-500 kilómetros de cableado eléctrico quedaron inutilizados.
-50 transformadores de luz volaron por el aire.
-Las zonas más afectadas fueron Moreno, Merlo, Ituzaingó,
Morón, Quilmes, Lanús y la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
-Entre 25 y 30 mil viviendas se vieron afectadas.
-Hubo más de 5 mil árboles caídos.
-32 mil familias tuvieron que ser asistidas por el Estado.
Alerta privado
“Nuestros meteorólogos advirtieron sobre la tormenta el
martes y el mismo miércoles 4 a las 15.30 horas”, advirtió en conferencia de
prensa el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño Diego Santilli (foto).
Frente a estas declaraciones, cualquiera diría que la Ciudad de Buenos Aires
cuenta con un sistema meteorológico propio superior al de la Nación, pero esto
no es así. El servicio porteño no cuenta con satélites propios ni con
tecnología de última generación, sino que está conformado por dos meteorólogos
que realizan proyecciones iguales a las que realiza el Servicio Meteorológico
Nacional. En consecuencia, hacer alarde de haber dado un alerta el día
anterior, luego de ver las consecuencias que sufrieron los habitantes del sur
porteño tras el paso de la tormenta, no es ningún mérito. Sobre todo cuando se
acostumbraron a dar “alerta meteorológico” ante la aparición de cualquier nube
oscura.
OPINIÓN
El cambio climático y
los eventos extremos
Escribe Osvaldo
Canziani, académico de la Asociación
Argentina de Ciencias del Ambiente y miembro de la Asociación Argentina de
Médicos del Medio Ambiente.
La Organización Meteorológica Mundial dispone de registros
de eventos extremos desde hace dos siglos. Muchos de estos fenómenos han sido
destructivos. Pero, a partir de 1970 se registra una intensificación de sus
impactos. Resulta del calentamiento terrestre debido al aumento de las
concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Evidentemente, el impacto de cualquier evento depende de la
vulnerabilidad del receptor. Por eso el Panel Intergubernamnetal sobre Cambio
Climático no sólo destaca el incremento en la intensidad, sino que enfatiza que
los grupos sociales más pobres y desamparados sufren gravemente las
consecuencias de estos fenómenos. La comunidad científica internacional aboga
por acciones orientadas a reducir los efectos adversos de tormentas intensas.
Una medida inmediata involucra la operación con equipos apropiados de sistemas
de observación y monitoreo ambiental. Es un requerimiento mundial como lo
destacó la reciente Conferencia Mundial sobre el Estado del Planeta. La razón
de su estado de indefensión es que los países en desarrollo carecen de tales
medios. La continuación y exacerbación de estos eventos y la falta de decisión
política por modernizar y completar las redes y sistemas de observación, en
superficie y en el espacio, y establecer sistemas de monitoreo y vigilancia
hidrometeorológicas, con avisos y alertas tempranas apropiadas, harán que se
sumen pérdidas de bienes y vidas, con tasas crecientes.
Nota publicada e la revista El Guardián.